Palma bajo el régimen del terror
El fracaso del desembarco de Bayo dio fuerza a los rebeldes y les alentó todavía más, a pesar de que, antes del 23 de agosto de 1936, las personas de la isla que ya estaban encarceladas superaban las 1.100. Desde el mes de septiembre la venganza se cobró más asesinados y desaparecidos. En el resto del Estado español, las fuerzas rebeldes que ya habían entrado a la península, se iban haciendo fuertes, conquistando Badajoz, Irún y San Sebastián. Los dos bandos se preparaban para una guerra larga. Una guerra que al final duraría tres años.
Palma jugará un papel estratégico en el desarrollo de la guerra, como base naval y aérea de las tropas nacionales, como también lo será la base de hidroaviones de Pollença, utilizada por los italianos y también por los alemanes. La derecha histórica volverá al poder, con la Falange como punta de lanza. Pero serán esencialmente los militares los que dirigen la represión y toman las decisiones estratégicas.
La dominación del ejército sobre la Falange se iniciará en abril del 37, cuando se dan cuenta del alcance de la represión y la corrupción desencadenadas por Canuto Boloqui Álvarez, jefe de la Falange de Inca; Francisco Barrado Zorrilla, jefe de la policía; y Mateu Torres Bestard, gobernador civil de las Baleares; y será una realidad en el 38. En Mallorca, en la operación participa activamente Joan March, a través del falangista mallorquín Ladislau López Basa. A March no le gustaba nada el ideario anticapitalista de Falange.
A pesar de no participar formalmente como institución en el Golpe de Estado, la Iglesia tuvo un papel importante de apoyo a los rebeldes. Dentro de la Iglesia había diversidad de opiniones, de forma que unos eran más activos y otros eran en cambio reacios a implicarse. El obispo Miralles no tomó parte hasta que los acontecimientos le convencieron. A través de varias entrevistas y epistolarios, demostró que era perfectamente conocedor de la represión desencadenada en Mallorca. El 1 de julio de 1937 firmó la carta colectiva de los obispos españoles dirigida a los obispos católicos de todo el mundo en la que apoyaban a Franco.
Georges Bernanos, escritor ultraconservador francés que vivía en Palma desde 1934, estaba entusiasmado por el Golpe de Estado y por el mundo falangista al cual pertenecía su hijo Yves. Pero, poco a poco, reconoció que se imponía un régimen de terror que denunció e internacionalizó en 1938 con su conocido libro “Los cementerios bajo la Luna”.
Al frente de aquella ola de terror y junto a García Ruiz, estaba el patético personaje criminal italiano apodado “Conde Rossi” y su intérprete, el cura Julià Adrover, personajes que Bernanos odiaba. Bernanos denunció “el régimen del terror” que se estaba imponiendo contra personas “sólo por el hecho de ser sospechosos de ser peligrosos”, sin ninguna protección jurídica y en condiciones infrahumanas, siendo asesinados sin escrúpulos. El libro fue un éxito de ventas, se hicieron muchas ediciones y traducciones. Contra él y su idea de la guerra en Mallorca actuaron los franquistas desde muchos frentes. Incluso el intelectual Joan Estelrich atacó desde la revista francesa el “Occidente” las tesis de Bernanos y defendió la legitimidad del alzamiento. El nombramiento de Mateu Torres Bestard, como gobernador civil, y de Francisco Barrado Zorrilla, como jefe de la policía, además del militar Benjumenda del Rey como comandante militar, supuso el incremento de la represión y de los crímenes.
Bajo este régimen de terror se encontraban Alexandre Jaume, Emili Darder, Aurora Picornell y centenares de personas en diferentes espacios habilitados como prisiones, ya que la prisión Provincial pronto se mostró insuficiente. Eran el barco Jaume I, el antiguo “Cisne del Mediterráneo” y orgullo de la burguesía industrial de Palma; el Castillo de Bellver, utilizado otras veces como prisión; Can Mir, un almacén de maderas situado junto a la estación del tren de Sóller y que ahora es el Cine Augusta; la Casa del Pueblo, transformada en Cuartel José Antonio; el depósito de detenidos del Ayuntamiento de Palma; el castillo de San Carlos y la habilitación de conventos (un buen ejemplo del apoyo de la iglesia mallorquina) como los de la calle Misión y el de la Piedad, conformaron el universo penitenciario de Palma. Para las mujeres, se habilitó un edificio que había sido un asilo en la calle de Can Sales nº 42.
Las condiciones en estas prisiones eran infames, tanto por la higiene como por la comida, pero sobre todo por el hacinamiento de tanta gente en tan poco espacio, máximo un metro cuadrado por persona. Todo esto no era nada comparado con el dolor psicológico que todos sufrían, con la distanciación de las familias y con el miedo de no saber si el día siguiente serían fusilados. Para hacernos una idea de la vida cotidiana de las prisiones es recomendable ver el documental sobre Emili Darder, además de otros muchos testimonios que se pueden ver en la exposición del Castillo de Bellver.
Desde el primer momento, nuestros protagonistas emplearon todas las influencias sociales que tenían para pedir a personas y familias muy conocidas de Palma que se les diera un trato justo. Llegaron directamente a Joan March, puesto que Lluís Alemany, que había sido su mano derecha política durante mucho tiempo, era cuñado de Alexandre Jaume y su abogado.
La primera que fue asesinada fue Aurora Picornell, víctima del sistema de “sacas”, estudiado profusamente por el investigador Manuel Suárez Salvà. Junto con otras cinco presas de Can Sales, el 5 de enero, las fueron a buscar unos falangistas y las sacaron de la prisión sin decir cuál era su destino. Su destino era ser fusiladas en el cementerio de Porreres. Las últimas palabras de Aurora, que aquel triste mes de enero del 1937 estaba embarazada, fueron:
“Podeu matar homes, dones, nins com el meu que encara no és nat. Però, i les idees? Amb quines bales matareu les idees?”.
A Alexandre Jaume y a Emili Darder les tocaría unas semanas después. Contra ellos se utilizó la farsa del juicio militar por rebelión. Fueron condenados a muerte. La misma noche antes del fusilamiento, Jaume, escribía a su familia:
“Queridísima esposa e hijos: Mis presentimientos de esta tarde se han cumplido; estoy en la cárcel esperando el último momento de mi vida. Desde este instante mi nombre queda incorporado a la historia de Mallorca. Ello ha de serviros de consuelo y mitigar vuestro dolor. Muero como sabéis completamente inocente, se me mata por mis ideas y acepto serenamente este papel que me ha señalado mi destino.”
Emili Darder no se lo podía acabar de creer, como muestra la carta que envió a su mujer el mismo día que supo que le habían condenado a muerte:
“Estimadíssima Miqueleta meva: ja veus que me demanen sa pena de mort, a jo, que he estat sempre s’homo més pacífic i més contrari a tota revolució. Si hi ha d’haver justícia no me poden fer res (…) Per mi esteu tranquil·les. Jo només pas pena per tu i per sa meva nina. Haver-vos en tot cas de deixar, tan com vos estim! I m’apena molt la situació econòmica vostra. Que ma mare i ton pares vos emparin. T’abraça i te besa fortíssimament i llargament en tot l’immens amor que te té es teu homo, Emili.”
Emili Darder estaba tan enfermo desde hacía meses, con una tuberculosis maltratada en la prisión, que si la noche antes no le hubieran medicado intensamente no hubiera llegado vivo al fusilamiento.
El coronel Ricardo Fernández de Tamarit, juez militar, fue el que firmó la condena a muerte. El mismo coronel que unos meses antes había propuesto echar de España a los intelectuales que habían firmado la famosa carta de los mallorquines a los catalanes antes del golpe de estado. Episodio muy importante entre los círculos culturales de Palma y que nos muestra a un Llorenç Villalonga intercediendo entre Tamarit y el grupo de intelectuales que se sienten asediados. Un Llorenç Villalonga que tendrá que atender, como subdirector de la Clínica Mental de Jesús (el Hospital Psiquiátrico), al exgobernador civil e intelectual Antonio Espina. Espina se había cortado las venas después de saber que le condenaban a muerte y del calvario de un año de prisión, calvario que continuaría unos años más. Parece que Llorenç Villalonga, que se casó a final del 1936 y se fue a vivir a Binissalem, a medida que avanzaba la guerra se iba alejando de las convicciones falangistas y abrazando al escepticismo político y la añoranza del paraíso perdido que le caracterizará como el escritor que conocemos.
Pero no a todos los intelectuales relevantes de aquella época que firmaron la carta de hermandad hacia los catalanes les sometió el alzamiento en Palma. Gabriel Alomar se encontraba en Madrid porque tenía que dar una conferencia y, por lo tanto, evitó el destino de Alexandre Jaume o Emili Darder. Otro destino tuvo Bartomeu Rosselló Pòrcel que estaba en Osona para el tratamiento de su tuberculosis que pondría fin a su vida a los 24 años. O Joan Mascaró, que siendo profesor de lengua inglesa y sánscrito en la Universitat de Barcelona, se encontraba de vacaciones en Palma durante el Golpe de estado. Por suerte, pudo salir con su padre hacia el Argel y salvó la piel, como otros mallorquines que se embarcaron en un laúd para buscar otro futuro. El 18 de agosto de 1939, nueve hombres partieron desde Camp de Mar hacia el norte de África. La mala suerte quiso que se equivocaran de rumbo y fueran directos hacia la Italia fascista de Mussolini. Les apresaron y les llevaron hacia el campo de concentración de Ventontene. Allí acabaría el futuro de los ciudadanos Jaume Rebassa, Joan Vallcaneras, Jaume y Joan Matas Salas y Josep Matas, que murió al poco de la liberación del campo. Jaume Rebassa acabaría sus días al campo de concentración nazi de Dora, Buchenwald, donde moriría el 24 de diciembre de 1943. Otros resistieron como pudieron el embate de los falangistas, la marginación institucional o el desprecio. Algunas personas tuvieron una nueva orientación ideológica al adaptarse al régimen de Franco.
Este clima de miedo y de tristeza apestaba la ciudad. Las cifras siempre son frías y, en el caso de la represión, rodeadas de misterio. Se tiene la certeza de la suerte de las personas de las cuales se conoce la historia pero resulta muy difícil hablar de números definitivos. Así, podemos afirmar que más de mil vecinos de Palma pasaron por las prisiones franquistas. De estos, 130 serían asesinados, en cualquiera de sus modalidades: saca, fusilamiento o muerte como consecuencia de las condiciones de vida.
Una ciudad que seguía algún ritmo de normalidad, un intento de vida cotidiana que tenían que continuar haciendo sus habitantes. Pero… una vida en Palma, lejos del terror… ¿era posible?[:]
Palma sota el règim del terror
El fracàs del desembarcament de Bayo va donar força als rebels i els va encoratjar encara més, tot i que, abans del 23 d’agost de 1936, les persones d’arreu de l’illa que ja estaven empresonades superaven les 1.100. Des del mes de setembre la venjança es va cobrar més assassinats i desapareguts. A la resta de l’estat espanyol les forces rebels que ja havien entrat a la península, s’anaven fent fortes, conquerint Badajoz, Irun i San Sebastià. Els dos bàndols es preparaven per a una guerra llarga. Una guerra que al final duraria tres anys.
Palma jugarà un paper estratègic en el desenvolupament de la guerra, com a base naval i aèria de les tropes nacionals, com també ho serà la base d’hidroavions de Pollença, utilitzada pels italians i també pels alemanys. La dreta històrica tornarà al poder, amb la Falange com a punta de llança. Però seran essencialment els militars els que dirigeixen la repressió i prenen les decisions estratègiques.
La dominació de l’exèrcit sobre la Falange s’iniciarà l’abril del 37, quan se n’adonen de l’abast de la repressió i la corrupció desencadenades per Canuto Boloqui Álvarez, cap de la Falange d’Inca; Francisco Barrado Zorrilla, cap de la policia; i Mateu Torres Bestard, governador civil de les Balears; i serà una realitat en el 38. A Mallorca, a l’operació hi participa activament Joan March, a través del falangista mallorquí Ladislau López Basa. A March no li agradava gens l’ideari anticapitalista de Falange.
Tot i no participar formalment com a institució en el Cop d’Estat, l’Església va tenir un paper important de suport als rebels. Dins l’Església hi havia diversitat d’opinions, de manera que uns eren més actius i altres eren en canvi poc inclinats a implicar-se. El bisbe Miralles no va prendre part fins que els esdeveniments el varen convèncer. A través de diverses entrevistes i epistolaris, va demostrar que era perfectament coneixedor de la repressió desencadenada a Mallorca. L’1 de juliol de 1937 va signar la carta col·lectiva dels bisbes espanyols dirigida als bisbes catòlics de tot el món en la qual donaven suport a Franco.
Georges Bernanos, escriptor ultraconservador francès que vivia a Palma des de 1934, estava entusiasmat pel Cop d’Estat i del món falangista al qual pertanyia el seu fill Yves. Però, a poc a poc, va reconèixer que s’imposava un règim de terror que va denunciar i internacionalitzà el 1938 amb el seu conegut llibre “Els cementeris baix la Lluna”.
Al capdavant d’aquella ona de terror i ben al costat de García Ruiz, estava el patètic personatge criminal italià sobrenomenat “Conde Rossi” i el seu intèrpret, el capellà Julià Adrover, personatges que Bernanos odiava. Bernanos denuncià “el règim del terror” que s’estava imposant contra persones “sólo por el hecho de ser sospechosos de ser peligrosos”, sense cap protecció jurídica i amb condicions infrahumanes, essent assassinats sense escrúpols. El llibre fou un èxit de vendes, se’n feren moltes edicions i traduccions. Contra ell i la seva idea de la guerra a Mallorca actuaren els franquistes des de molts fronts. Fins i tot, l’intel·lectual Joan Estelrich atacà des de la revista francesa l’“Occident” les tesis de Bernanos i defensà la legitimitat de l’alçament. El nomenament de Mateu Torres Bestard, com a governador civil, i de Francisco Barrado Zorrilla, com a cap de la policia, a més del militar Benjumenda del Rey com a comandant militar, va suposar l’increment de la repressió i dels crims.
Sota aquest règim de terror es trobaven Alexandre Jaume, Emili Darder, Aurora Picornell i centenars d’altres persones en diferents espais habilitats com a presons perquè la presó Provincial aviat quedat petita. Eren el vaixell Jaume I, l’antic “Cisne del Mediterráneo” i orgull de la burgesia industrial de Ciutat; el Castell de Bellver, utilitzat altres vegades com a presó; Can Mir, un magatzem de fustes situat al costat de l’estació del tren de Sóller i que ara és el Cine Augusta; la Casa del Poble, transformada en Cuartel José Antonio; el dipòsit de detinguts de l’Ajuntament de Palma; el castell de Sant Carles i l’habilitació de convents (un bon exemple del suport de l’església mallorquina) com els del carrer Missió i el de la Pietat conformaren l’univers penitenciari de Palma. Per les dones, es va habilitar un edifici que havia estat un asil al carrer de Can Sales núm. 42.
Les condicions en aquestes presons eren infames, tant per la higiene com pel menjar, però sobretot per l’amuntegament de tanta gent en tan poc espai, màxim un metre quadrat per persona. Tot això no era res comparat amb el dolor psicològic que tots patien, amb el distanciament amb les famílies i amb la por de no saber si l’endemà serien afusellats. Per fer-nos una idea de la vida quotidiana de les presons és recomanable veure el documental sobre Emili Darder, a més de molts altres testimonis que es poden veure a l’exposició del Castell de Bellver.
Des del primer moment, els nostres protagonistes varen moure totes les forces de les relacions socials que tenien per demanar a persones i famílies molt conegudes de Ciutat que se’ls hi donés un tracte just. Varen arribar directament a Joan March, ja que Lluís Alemany, que havia estat la seva mà dreta política durant molt temps, era cunyat d’Alexandre Jaume i el seu advocat.
La primera que va ser assassinada fou Aurora Picornell, víctima del sistema de “tretes”, estudiat profusament per l’investigador Manuel Suárez Salvà. Juntament amb altres cinc preses de Can Sales, el 5 de gener, les varen anar cercar uns falangistes i les tragueren de la presó sense dir quin era el seu destí. El seu destí era ser fusellades al cementeri de Porreres. Les darreres paraules d’Aurora, que aquell trist mes de gener del 1937 estava embarassada, foren:
“Podeu matar homes, dones, nins com el meu que encara no és nat. Però, i les idees? Amb quines bales matareu les idees?”.
A Alexandre Jaume i a Emili Darder els hi tocaria unes setmanes després. Contra ells es va utilitzar la farsa del judici militar per rebel·lió. Els varen condemnar a mort. La mateixa nit abans de l’afusellament, Jaume, escrivia a la seva família:
“Queridísima esposa e hijos: Mis presentimientos de esta tarde se han cumplido; estoy en la cárcel esperando el último momento de mi vida. Desde este instante mi nombre queda incorporado a la historia de Mallorca. Ello ha de serviros de consuelo y mitigar vuestro dolor. Muero como sabéis completamente inocente, se me mata por mis ideas y acepto serenamente este papel que me ha señalado mi destino.”
Emili Darder no s’ho podia acabar de creure, com mostra la carta que va enviar a la seva dona el mateix dia que va saber que l’havien condemnat a mort:
“Estimadíssima Miqueleta meva: ja veus que me demanen sa pena de mort, a jo, que he estat sempre s’homo més pacífic i més contrari a tota revolució. Si hi ha d’haver justícia no me poden fer res (…) Per mi esteu tranquil·les. Jo només pas pena per tu i per sa meva nina. Haver-vos en tot cas de deixar, tan com vos estim! I m’apena molt la situació econòmica vostra. Que ma mare i ton pares vos emparin. T’abraça i te besa fortíssimament i llargament en tot l’immens amor que te té es teu homo, Emili.”
Emili Darder estava tan malalt des de feia mesos, amb una tuberculosi malt tractada a la presó, que si la nit abans no l’haguessin medicat intensament no hagués arribat viu a l’afusellament.
El coronel Ricardo Fernández de Tamarit, jutge militar, fou el que signà la condemna a mort. El mateix coronel que uns mesos abans havia proposat fer fora d’Espanya als intel·lectuals que havien signat la famosa carta dels mallorquins als catalans abans del cop d’estat. Episodi molt important entre els cercles culturals de Ciutat i que ens mostra a un Llorenç Villalonga intercedint entre Tamarit i el grup d’intel·lectuals que se senten assetjats. Un Llorenç Villalonga que haurà d’atendre, com a sotsdirector de la Clínica Mental de Jesús (l’Hospital Psiquiàtric), l’exgovernador civil i intel·lectual Antonio Espina. Espina s’havia tallat les venes després de saber que el condemnaven a mort i del calvari d’un any de presó, calvari que continuaria uns anys més. Sembla que Llorenç Villalonga, que es casà a final del 1936 i ben aviat se n’anà a viure a Binissalem, a mida que avançava la guerra s’anava allunyant de les conviccions falangistes i abraçant l’escepticisme polític i l’enyorança del paradís perdut que el caracteritzarà com l’escriptor que tots coneixem.
Però no a tots els intel·lectuals rellevants d’aquella època que varen signar la carta de germanor cap als catalans, els va sotmetre l’alçament a Palma. Gabriel Alomar es trobava a Madrid perquè havia de donar una conferència i, per tant, va evitar el destí d’Alexandre Jaume o Emili Darder. Un altre destí va tenir Bartomeu Rosselló Pòrcel que era a Osona per tractament de la seva tuberculosi que posaria fi a la seva vida als 24 anys. O Joan Mascaró, que essent professor de llengua anglesa i sànscrit a la Universitat de Barcelona, es trobava de vacacions a Palma durant el Cop d’Estat. Per sort va poder sortir amb son pare cap a l’Alger i salvà la pell, com altres mallorquins que s’embarcaren en un llaüt per cercar un altre futur. El 18 d’agost de 1939, nou homes partiren des de Camp de Mar cap al nord d’Àfrica. La mala sort volgué que s’equivoquessin de rumb i anessin directes cap a la Itàlia feixista de Mussolini. Els apressaren i se’ls emportaren cap al camp de concentració de Ventontene. Allà acabaria el futur dels ciutadans Jaume Rebassa, Joan Vallcaneras, Jaume i Joan Matas Salas i Josep Matas, que va morir poc després de l’alliberament del camp. Jaume Rebassa acabaria els seus dies al camp de concentració nazi de Dora, Buchenwald, on moriria el 24 de desembre de 1943. Altres resistiren com pogueren l’embat dels falangistes, la marginació institucional o el menyspreu. Algunes persones tengueren una nova orientació ideològica en adaptar-se al règim de Franco.
Aquest clima de por i de tristesa empestava la ciutat. Les xifres sempre són fredes i, en el cas de la repressió, envoltades de misteri. Es té la certesa de la sort de les persones de les quals se’n coneix la història però resulta molt difícil parlar de números definitius. Així, podem afirmar que més de mil veïns de Ciutat passaren per les presons franquistes. D’aquests, 130 serien assassinats, en qualsevol de les seves modalitats: treta, afusellament o mort com a conseqüència de les condicions de vida.
Una ciutat que seguia algun ritme de normalitat, un intent de vida quotidiana que havien de continuar fent els seus habitants. Però… una vida a Palma, lluny del terror… era possible?
Revisat per

Profesor de secundaria e investigador sobre la historia de la República y la Guerra Civil en Mallorca. Coordinador de la investigación del Mapa de les fosas de Mallorca. Ha publicado diversos artículos y conferencias sobre el tema. Destacan las publicaciones: La Presó de Can Mir, la Ruta de la Memòria a Calvià, Suborns i tretes a la presó de Can Mir, 1936-1941, La història silenciada, Calvià-Es Capdellà 1936 y La vaga de les collidores d’oliva de Calvià, 1932.Mestre de secundària i investigador sobre la història de la República i la Guerra Civil a Mallorca. Coordinador de la investigació del Mapa de les fosses de Mallorca. Ha publicat diversos articles i conferències sobre el tema. Destaquen les publicacions de La Presó de Can Mir, la Ruta de la Memòria a Calvià, Suborns i tretes a la presó de Can Mir, 1936-1941, La història silenciada, Calvià-Es Capdellà 1936 i La vaga de les collidores d’oliva de Calvià, 1932.
Fonts consultades:
Referencies bibliogràfiques
• Bernanos G. Els cementeris baix la lluna. Editorial: RBA LIBROS. 2009
• Ferra Ponç Damià. Cultura i Política Mallorca. De la República a la Posguerra.
• Ferrer, Pere. Joan March. Edit. Zeta.2010.
• Font Alexandre. Alexandre Jaume Rosselló. Edita Lleonard Muntaner. 2011
• Jaume Alexandre. Escrits des de la presó. Edita Lleonard Muntaner. 2011
• Gabriel Pere. Alexandre Jaume, primer intel·lectual socialista mallorquí. Revista RANDA 3. La República i la guerra civil a Mallorca.
• Ginard i Feron D. Aurora Picornell.
• Massot i Muntaner Josep. El calvari d’Antonio Espina i de Guillermo Roldán. Mallorca, 1936-1940. Ed.Lleonard Muntaner. 2013.
• Pla Xavier.( edit). El món d’ahir de Jan Estelrich. PUV Universitat de València. 2015.
• Suarez Salvà, Manel. Suborns i tretes a la presó de Can Mir ( 1936-1941). Editor Lleonard Muntaner.2015
Referències en pàgines web
Documental sobre Georges Bernanos. Toni Capellà.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/baleares-un-viaje-en-el-tiempo/baleares-viaje-tiempo-georges-bernanos-grandes-cementerios-bajo-luna-mallorca-1934-1937/1984667/
“Passió, d’Emili Darder”, dirigit en 2010 por Pere Salom Caldés
https://www.youtube.com/watch?v=ViFGxuwAg1k
Carta colectiva de los obispos españoles a los obispos de todo el mundo con motivo de la guerra en España. http://secviccentdocumentosoficiales.blogspot.com/2006/09/carta-colectiva-de-los-obispos.html
Signants de la Resposta als Catalans.
https://ca.wikipedia.org/wiki/Categoria:Signants_de_la_Resposta_als_Catalans
Documental “Flames a la fosca”, sobre la vida i obra de Bartomeu Rosselló-Pòrcel
https://www.ccma.cat/tv3/alacarta/el-documental/flames-a-la-fosca/video/5597892/
El sanatori del Brull i Rosselló-Pòrcel
https://paremontseny.blogspot.com/2012/02/el-sanatori-del-brull-i-rossello-porcel.html
Imatge de capçalera
Arconovaldo Bonacorsi (Conde Rossi) i el tinent coronel Luis García Ruiz (esquerra i dreta, respectivament) el dia de la celebració de la victòria de les tropes “nacionals” el 6 de setembre de 1936.
La imatge, de Ribas de Duran, i que pertany a l’arxiu de Miquel Font, està publicada al llibre de Xavier del Hoyo i Arnau Company “Palma 1936-1983. L’evolució de la ciutat a través de la imatge”.