De la ciudad romana a la ciudad moderna
El proyecto modernista de la ciudad de 1900

El proyecto modernista de la ciudad de 1900

El proyecto modernista de la ciudad de 1900

A finales de siglo, Palma seguía siendo una ciudad amurallada, dentro de una isla agraria potente. A pesar del crecimiento fuera de las murrallas, que se inició sobre todo a partir del siglo XIX, las murallas de Palma eran, para muchos ciudadanos el símbolo de aquello que nos alejaba de las ciudades modernas.

Podemos imaginar el ambiente de Palma de aquel tiempo muy especialmente a través de la fotografía, los libros de memorias como los de Ferrà o Roca, la descripción de algunos viajeros y a través de la crónica periodística. Todas estas fuentes nos permiten observar una ciudad implicada en un proceso de cambio importante, una capital que late siguiendo el espíritu de la época y que no se trata de una capital de provincias de segunda fila, sino de una ciudad de primer nivel en el conjunto del Estado.

A finales del siglo XIX no únicamente existían ideas contrapuestas sobre la política, sino también ideas de lo que tenía que ser la ciudad de Palma. Como mínimo, había dos miradas hegemónicas: una conservadora, encabezada por los intelectuales neocatólicos, románticos y conservacionistas, como Bartomeu Ferrà, y por otra parte, los intelectuales reformistas y regeneracionistas, liberales y progresistas representados por M.S.Oliver.

En esta época entre siglos Palma vivía un momento de muchas iniciativas modernizadoras. En 1890 Enric Alzamora, amigo íntimo de Oliver, hace que el diario La Almudaina sea publicado por primera vez por la mañana. Era la plataforma desde donde Miquel S. Oliver difundirá buena parte de las ideas modernizadoras, puesto que dirigió el diario entre el 1897 y el 1905.

Los dos amigos promueven cambios en muchas costumbres de la vida cotidiana y forman, con otras, un grupo muy emblemático. Son un grupo que se atreve a imaginar futuros nuevos, porque no quieren quedarse en la rutina, no quieren pensar que no hay nada por hacer; se autodenominan los Insensatos. El grupo en torno a La Almudaina es un conjunto de intelectuales que escribían artículos periodísticos de forma habitual, entre los cuales se  encontraban Bartomeu Amengual, Joan Torrendell, Rafael Ballester, Gabriel Alomar, Antoni Noguera, Fèlix Escalas, Enric Alzamora y Guillem Roca Sansaloni.

Pero será M.S. Oliver a partir de 1890, en el conjunto de artículos publicado con el nombre de La Cosecha periodística el que encabezará la crítica de la quiebra del estado central, por centralista, cacique y uniformista. También criticará al pueblo mallorquín por su indolencia y poca capacidad de tener una iniciativa práctica.

Para cambiar la situación, Oliver nos propone cuatro líneas de actuación: conocer el pasado de nuestra sociedad para imaginar un futuro diferente, ya que si en el pasado fuimos capaces de tener una sociedad en positivo, también la podemos tener en el futuro. Propone también modernizar toda la vida social.

En la serie de artículos llamados Desde la terraza, publicados en La Almudaina el verano del 1890, se habla de la necesidad de crear una verdadera “industria de los viajeros ”, preludio de la industria turística que se desarrollará en el siglo XX. Y, por último, defendió la necesidad del mallorquinisme político, como se puede ver en el artículo titulado La política mallorquina (1890), considerado el manifiesto fundacional del mallorquinisme político. Propuestas que, de una u otra manera, serán desarrolladas a lo largo del primer tercio del siglo XX.

Un lugar de encuentro habitual del mundo cultural de Palma era el Circulo Mallorquín y las numerosas tertulias que se organizaban en Palma, como la de Joan Alcover o la del salón Beethoven. La red de asociaciones y la pluralidad de objetivos de estas entidades (recreativas, mutualidades, culturales, educativas, sociales y deportivas), sobre todo como consecuencia de la Ley de Asociaciones de 1887, es una manifestación más de la vitalidad y el dinamismo de una ciudad con una capacidad extraordinaria de articulación. Es la época de Gabriel Alomar, un intelectual socialista potentísimo y de Toni Noguera, que introduce el nacionalismo en la música. Son años de una gran vida asociativa.

El predominio burgués es muy presente en el universo asociativo de final de siglo, pero Palma mantiene una gran complicidad con las clases populares, naturalmente en la mayoría de barrios obreros, con una presencia de culturas alternativas, resultado de la existencia de sociedades populares. Es el momento y la llegada de una nueva pintura, sobre todo con Santiago Rusinyol, y como Gabriel Alomar explica, representa una nueva manera de mirar Mallorca con la misma subjetividad del artista.

En el ámbito de las infraestructuras, Eusebi Estada con el libro La Ciudad de Palma de 1885, nos hablará de la ciudad del futuro, una ciudad industrial que necesita la expansión fuera de su murallas. Bernat Calvet, ingeniero municipal, apoya abiertamente que las murallas tengan que derrocarse, propuesta que generará una gran polémica con el General Garcia Luque contrario al derroque, es apoyada por todo el grupo de los Insensatos.

Palma al final del siglo XIX sueña con un puerto y una línea moderna de unión con la península, ofrecer una red hotelera de primer nivel, disponer de un transporte urbano rápido y seguro. Todo un proyecto que ofrece unas oportunidades inimaginables. Las guías turísticas, las semanas deportivas y las primeras infraestructuras modernas reflejan el dinamismo de Palma cuando rompe la luz del siglo XX.

La Iglesia de aquellos años se menea entre el polo integrista que quiere volver a los tiempos del Antiguo Régimen donde su poder era indiscutible, y el polo de los conciliadores que quieren adaptarse a los tiempos que corren. Será el Obispo Campins, toda una personalidad en el transcurso del siglo XIX al XX, quien dirigirá a la Iglesia hacia la modernidad.

Miquel Villalonga a Mis Giacomini, realizará más tarde una parodia de la estructura social de la ciudad y el comportamiento de los diferentes estamentos y núcleos de poder provincial. Lo hace desde un planteamiento radical conservador, reconociendo que la nobleza mallorquina se encontraba en el ponente de su recorrido histórico y dejaba de ser la referencia política y social hegemónica. Una aristocracia que se resistía a perder el protagonismo del relato sobre aquello que era la esencia histórica de la ciudad y que todavía mantenía una hostilidad manifiesta contra los xuetes y los liberales que controlaban los nuevos poderes financieros.

En este contexto encontramos un fluir de ideas e iniciativas civiles, la administración pública no lideraba la modernización porque no estaba capacitada. La Diputación, aunque tenía una grande presencia y rivalidad con el poder municipal, como todavía ahora hace su descendiente el Consejo de Mallorca, se concentraba en las políticas sanitarias y sociales, con importantes centros como el Hospital General, la Casa de la Misericordia, la Inclusa, la Prisión Provincial, la Escuela Normal y el Instituto Balear.

Los recursos municipales y los de la Diputación siempre eran muy limitados y apenas tenían capacidad para cubrir las urgencias en infraestructuras dedicadas a agua y electricidad, no hablamos ya de la educación, la sanidad y los servicios sociales, servicios que estaban básicamente gestionados por entidades religiosas, excepto los grandes centros que eran de gestión pública con la colaboración de las entidades religiosas.

Toda esta fuerza modernizadora irá dando sus frutos a lo largo del primer tercio, de la mano de la iniciativa privada pero también de la pública, frutos que se concretarán en edificios, reformas urbanas, transportes, obras teatrales y literarias, y todo un conjunto de dinámicas sociales que relataremos en detalle a la segunda parte del libro, “La Ciudad Moderna , de 1900 a 1936”.

De la ciudad romana a la ciudad moderna
El projecte modernista de Ciutat a 1900

El projecte modernista de Ciutat a 1900

El projecte modernista de Ciutat a 1900

A finals de segle, Palma seguia essent una ciutat emmurallada, dins una illa agrària potent. Tot i el creixement fóra murades que es va iniciar sobretot a partir del segle XIX, les murades de Palma eren, per molts de ciutadans, el símbol d’allò que ens allunyava de les ciutats modernes.

Podem imaginar l’ambient de Palma d’aquell temps molt especialment a través de la fotografia, els llibres de memòries com els de Ferrà o Roca, la descripció d’alguns viatgers i a través de la crònica periodística. Totes aquestes fonts ens permeten observar una ciutat implicada en un procés de canvi important, una capital que batega seguint l’esperit de l’època i que no es tracta d’una capital de províncies de segona fila, sinó d’una ciutat de primer nivell en el conjunt de l’Estat.

A finals del segle XIX no únicament existien idees contraposades sobre la política, sinó també idees del que havia de ser la ciutat de Palma. Com a mínim, hi havia dues mirades hegemòniques: una conservadora, encapçalada pels intel·lectuals neocatòlics, romàntics i conservacionistes, com Bartomeu Ferrà, i per una altra part, els intel·lectuals reformistes i regeneracionistes, liberals i progressistes representats per M.S.Oliver.

En aquesta època entre segles Palma vivia un moment de moltes iniciatives modernitzadores. En 1890 Enric Alzamora, amic íntim d’Oliver, fa que el diari La Almudaina surti per primera vegada pel matí. Era la plataforma des d’on Miquel S. Oliver difondrà bona part de les idees modernitzadores, ja que dirigí el diari entre el 1897 i el 1905.

Els dos amics promouen canvis en molts costums de la vida quotidiana i formen, amb altres, un grup molt emblemàtic. Són un grup que s’atreveixen a imaginar futurs nous, perquè no volen quedar-se en la rutina, no volen pensar que no hi ha res a fer; s’autoanomenen els Insensats. El grup entorn de La Almudaina és un conjunt d’intel·lectuals que escrivien articles periodístics de forma habitual, entre els quals s’hi trobaven Bartomeu Amengual, Joan Torrendell, Rafael Ballester, Gabriel Alomar, Antoni Noguera, Fèlix Escalas, Enric Alzamora i Guillem Roca Sansaloni.

Però serà M.S. Oliver a partir de 1890, en el conjunt d’articles publicat amb el nom de La Cosecha periodística que encapçalarà la crítica a la fallida de l’estat central, per centralista, caciquista i uniformista. També criticarà al poble mallorquí per la seva indolència i poca capacitat de generar iniciativa pràctica.

Per canviar la situació, Oliver ens proposa quatre línies d’actuació: conèixer el passat de la nostra societat per imaginar un futur diferent, ja que si en el passat vàrem ser capaços de tenir una societat en positiu, també la podem tenir en el futur. Proposa també modernitzar tota la vida social.

En la sèrie d’articles anomenats Desde la terraza, publicats a La Almudaina l’estiu del 1890, parla de la necessitat de crear una vertadera “indústria dels viatgers ”, preludi de la indústria turística que es desenvoluparà el segle XX. I, per últim, defensà la necessitat del mallorquinisme polític, com es pot veure a l’article titulat La política mallorquina (1890), considerat el manifest fundacional del mallorquinisme polític. Propostes que, d’una o altra manera, seran desenvolupades al llarg del primer terç del segle XX.

Un lloc de trobada habitual del món cultural de Ciutat era en el Circulo Mallorquín i a les nombroses tertúlies que s’organitzen a Ciutat, com la de Joan Alcover o la del saló Beethoven. La xarxa d’associacions i la pluralitat d’objectius d’aquestes entitats (recreatives, mutualitats, culturals, educatives, socials i esportives), sobretot a conseqüència de la Llei d’Associacions de 1887, és una manifestació més de la vitalitat i el dinamisme d’una ciutat amb una capacitat extraordinària d’articulació. És l’època de Gabriel Alomar, un intel·lectual socialista potentíssim i de Toni Noguera, que introdueix el nacionalisme a la música. Són anys d’una gran vida associativa.

El predomini burgès és ben present a l’univers associatiu del final de segle, però Ciutat manté una gran complicitat amb les classes populars, naturalment a la majoria de barris obrers, amb una presència de les cultures alternatives, resultat de l’existència de societats populars. És el moment que arriba la pintura nova, sobre tot Santiago Rossinyol, i com Gabriel Alomar explica que representa una nova manera de mirar Mallorca amb la mateixa subjectivitat de l’artista.

En l’àmbit de les infraestructures, Eusebi Estada amb el llibre La Ciudad de Palma de 1885, ens parlarà de la ciutat de futur, una ciutat industrial que necessita l’expansió fora murades. Bernat Calvet, enginyer municipal, dóna suport obertament a que les murades han d’enderrocar-se i la proposta, que tendrà una polèmica amb el General Carcia Luque contrari a l’esbucament, és recolzada per tot el grup dels Insensats.

Palma al final del segle XIX somnia amb un port amb una línia moderna d’unió amb la península, oferir una xarxa hotelera de primer nivell, disposar d’un transport urbà ràpid i segur. Tot un projecte que ofereix unes oportunitats inimaginables. Les guies turístiques, les setmanes esportives i les primeres infraestructures modernes reflecteixen el dinamisme de la Ciutat quan trenca la llum del segle XX.

L’Església d’aquells anys es belluga entre el pol integrista que vol retornar al temps de l‘Antic Règim on el seu poder era indiscutible, i el pol dels conciliadors que volen adaptar-se als temps que corren. Serà el Bisbe Campins, tota una personalitat del transit del segle XIX al XX, el qui estirarà l’Església cap a la modernitat.

Miquel Villalonga a Mis Giacomini, farà més tard una paròdia de l’estructura social de la ciutat i el comportament dels diferents estaments i nuclis de poder provincial. Ho fa des d’un plantejament radical conservador, reconeixent que la noblesa mallorquina es trobava en el ponent del seu recorregut històric i deixava de ser la referència política i social hegemònica. Una aristocràcia que es resistia a perdre el protagonisme del relat sobre allò que era l’essència històrica de la Ciutat i que encara mantenia una hostilitat manifesta contra els xuetes i els liberals que controlaven els nous poders financers.

En aquest context bullent d’idees i iniciatives civils, l’administració pública no liderava la modernització perquè no tenia capacitat. La Diputació, encara que tenia una gran presencia i rivalitzava amb el poder municipal, com encara ara fa el seu descendent el Consell de Mallorca, es concentrava a Ciutat en les polítiques sanitàries i socials, amb importants centres com l’Hospital General, la Casa de la Misericòrdia, la Inclusa, la Presó Provincial, l’Escola Normal i l’Institut Balear.

Els recursos municipals i els de la Diputació sempre eren molt limitats i amb prou feines tenien capacitat per cobrir les urgències en infraestructures d’aigua i electricitat, no en parlem ja de l’educació, la sanitat i els serveis socials, serveis que estaven bàsicament gestionats per entitats religioses, excepte els grans centres que eren de gestió pública amb la col·laboració de les entitats religioses.

Tota aquesta força modernitzadora anirà donant els seus fruits al llarg del primer terç, de la mà de la iniciativa privada però també de la pública, fruits que es concretaran en edificis, reformes urbanes, transports, obres teatrals i literàries, i tot un conjunt de dinàmiques socials que relatarem en detall a la segona part del llibre, “La Ciutat Moderna, de 1900 a 1936”.

Revisat per

Damià Pons i Pons

Catedràtic i professor de literatura catalana contemporània a la Universitat de les Illes Balears. Entre molts articles i llibres destacar aquí: Ideologia i cultura a Mallorca d’entre els dos segles i El Diari “La Almudaina” en l’època de Miquel dels Sants Oliver. Entre el 1999 i el 2003 fou Conseller d’Educació i Cultura del Govern Balear. És membre corresponent de la Secció Filològica de l’Institut d’Estudis Catalans des de 2008 i, des de 2015, membre de la Secció Històrico-Arqueològica; és també representant de l’IEC a Palma.

Nota important: L’autor del text és el col·lectiu “Palma XXI”. La persona que fa la revisió no té per què coincidir totalment amb les idees que expressa l’autor.

Fonts consultades:

Referències bibliogràfiques:

Barceló i Pons Bartomeu., Historia del turisme a Mallorca. Treballs de la Societat Catalana de Geograf1a – Núm. 50 – Vol. XV

Dels Sants Oliver Miquel., Cosecha periodística . Recull d’articles a l’Almudaina. Imp. Amengual y Muntaner, Palma: 1891.

Estada Eusebio., La ciudad de Palma. Su industria, sus fortificaciones, sus condiciones sanitarias y su ensanche. J-Tous Editor. 1892

Fullana Pere., El Bisbe arquitecte : Pere Joan Campins i Barceló (1859-1915). Publicacions Catedral de Mallorca, DL 2015.

Fullana P. i Jaume Munar., El Circulo Mallorquin: una icona viva del passat. Capitol del llibre editat pel Govern sobre Parlament Balears

Pons i Pons Damià. Ideologia i cultura a Mallorca d’entre els dos segles. El grup regeneracionista de “La Almudaina”. Palma, 1998. Lleonard Muntaner Editor.

Pons i Pons Damià., El Diari “La Almudaina” en l’època de Miquel dels Sans Oliver. Binissalem, Di7, 1998.

Pons i Pons Damià. El paper de Miquel dels Sants Oliver en el procés de modernització de la Mallorca d’entre dos segles

Pons i Pons Damià., El grup de “L’Almudaina” (1897 – 1905). 1998

Palma, recull gràfic 1860-1870. L’Abans. Editorial Efados. 2011.