Feliz verano covid19

Feliz verano covid19

Feliz verano covid19

Ilustración: Toni Salvà.

Una milana sobrevuela a lo lejos dando círculos con una suavidad que me calma. Su coreografía es hipnótica como las vueltas de una danza de los derviches. No puedo dejar de mirar al cielo. No puedo dejar de mirar al suelo. Leo en una entrevista de Lluís Amiguet al físico Carlo Rovelli una frase que me da serenidad: “En el universo, en ese lugar inmenso y misterioso, somos apenas un destello. Somos vibraciones fugaces entre billones de estrellas”.

Esta semana quería despedir La ciudad cuántica, que también se da un respiro hasta septiembre, hablando del malvivir, que ya sabíamos aunque mirábamos a otro lado, de miles de personas en los llamados pisos patera. Hace unos días una niña de dos años cayó desde un tercer piso en el que comparten escasos metros unas veinte personas. La pequeña está bien pero una ciudad que permite un hacinamiento semejante no está nada bien. Mientras usted y yo hacíamos un vermut en un chat para distraernos del encierro, los sin derechos se abismaban en el agujero negro del tragaluz de una finca vieja parecido al que se precipitó la niña cuando se asomó a la ventana, o se pasmaban ante una baldosa de tamaño parecido al que usa el derviche cuando da vueltas y más vueltas preguntándose qué hago aquí.

He decidido que como “somos apenas un destello”, dejo para la vuelta las hambrepenas y me pongo en modo felizverano.

No muy lejos, también en el barrio de Pere Garau, en el terrado de una casa de dos plantas de los años 60 en el que vive una familia magrebí una mujer llena de agua una pequeña balsa de plástico para que su hijo de unos tres años se refresque y juegue. Contemplo la escena fascinada. He visto más felicidad y armonía en ese momento que en los baños en piscinas de villas suntuosas, de esas de miles de euros el metro cuadrado, a las que los dueños de Mallorca no pudieron acceder hasta que por fin se les hizo el pasillo aéreo seguro. Ahora no paran de llenar instagram con sus selfies de piscinas desbordantes.

El pequeño chapoteaba en su charca de plástico contemplado por un peluche y su madre. Creo que la familia es magrebí. En esa casa, años atrás vivió un colombófilo que pintó de rojo las plumas de sus palomas. Cuando iniciaban el vuelo, sus cabriolas rojiblancas parecían las danzas de moléculas que vemos en cualquier programa de youtube sobre el Cosmos, o las que sirven para concentrarnos en no sé cuál chakra cuando nos ponemos a meditar. Acaba el baño, el niño sale de la tina de plástico de colorines, su madre le arropa con una toalla blanca. En el tendal, pantalones del patriarca y las túnicas de ella. Todas de color oscuro. Sobrevuelan. Parecen cometas. 

Como el espacio es relativo y el tiempo también, me entrelazo a una partícula que anda por ahí para desearos que desde vuestras ventanas vuelen alto los sueños como la milana que esta mañana de finales de julio me ha regalado armonía en una danza inmemorial de un ave que estaba en peligro de extinción. ¿Como nosotros? Me confortan las palabras de Carlo Rovelli cuando le cuenta a Lluís Amiguet en su entrevista en La Vanguardia que “encontrar vida extraterrestre sería tan relevante, al menos, como los descubrimientos de Copérnico y Darwin”. Pues eso. Feliz verano covid19.

2 thoughts on “Feliz verano covid19”

  1. Luisa Cáceres Goyos dice:

    Como tu milana,el artículo es leve y refrescante como ese baño infantil.Con que poco podemos soñar.
    Feliz verano amiga.

    Feliz verano a todos
    Kitty

    1. Lourdes Durán dice:

      Lo veo ahora, Luisa. Gracias. Igualmente feliz otoño

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