Palma lucha por un bienestar social de nivel europeo
Más allá de la lucha política, Palma continuaba su obra modernizadora con edificios que hoy ya no están, como el cine Moderno o el Hotel Alhambra, ambos de Gaspar Bennazar. Después de los vaivenes de la economía, influida por la Primera Guerra Mundial, las cosas empezaban a funcionar. En los años veinte, el Puerto de Palma doblaba el tráfico naviero que tenía en 1900, y se creaba la primera línea aeronáutica con Barcelona. El velódromo de Palma seguía siendo el mejor de España y justo acababa de crear la Real Sociedad Alfonso XIII, antecedente de lo que luego sería el club de fútbol Mallorca.
Obra del mismo destino que nos espera a todos, por aquellos tiempos morían dos ciudadanos que habían sido protagonistas de los primeros pasos de la nueva ciudad. Miguel de los Santos Oliver murió en Barcelona en enero de 1920, el mismo año que Joan Palmer Miralles , el promotor del Gran Hotel. Pocos años antes habían muerto Enric Alzamora, Eusebi Estada, Pere Garau y Guillem Reynés. En el mundo de la cultura, Costa y Llobera moría en 1922 y Joan Alcover en 1926. Parecía como si la generación de los grandes ideólogos de la transformación de la Palma del XIX a la del XX comenzaba a dar paso a otra generación, que sería la que aplicaría aquellas ideas en todos los terrenos, de la ciencia a la tecnología, del urbanismo a la cultura.
Ahora llegaba la hora de Joan March, Guillem Forteza, Francisco Casas, Alexandre Jaume, Emili Darder, Llorenç Bisbal, Miquel Ferrà, María Antonia Salva, Llorenç Villalonga, y tantos otros que liderarian el protagonismo de los años previos a la guerra civil.
En aquellos años veinte , las condiciones generales de la población no eran las más óptimas. La educación, la sanidad, los servicios sociales y las condiciones laborales necesitaban grandes cambios. Sin embargo, la combinación de la iniciativa pública liderada por la Diputación y el Ayuntamiento, junto con la iniciativa privada religiosa y laica, daban un cierto apoyo a las familias pobres, al tiempo que paliaban las situaciones graves de crisis sanitaria y / o económica. A pesar de todas las dificultades, Palma era, en materia de bienestar social, una de las ciudades más avanzadas de España.
Las condiciones laborales eran duras y las luchas obreras eran constantes, sobre todo en los nuevos sectores industriales. La situación general de España en el principio de aquellos años veinte, era de crisis política profunda y de huelgas generales importantes, como la de Barcelona de 1919, la de la compañía de electricidad llamada la Canadiense, que mucho después estará ligada a un capítulo más de la leyenda de Juan March.
La tensión social que provocó dicha huelga fue tan intensa que el Gobierno llegó a declarar el estado de guerra, como solicitaba el Capitán General de Cataluña, Joaquin Milans del Bosch, abuelo del Jaime Milans del Bosch, el que participó en el golpe de estado de 1981. Sin embargo, la huelga fue un éxito y se consiguieron muchas de las reivindicaciones de los huelguistas, entre ellas la jornada de ocho horas para todos los sectores laborales. El ambiente laboral de Palma de aquella época queda reflejado en la novela recién aparecida de Miquel Mas, “Luces de otoño”.
Las prestaciones por desempleo eran inexistentes y la sanidad pública, mínima. El Estado había creado en 1921 una prestación de una peseta diaria –el Retiro Obrero- para cuando los trabajadores dejaban el trabajo. Cuando la familia fallaba, la gente pobre tenía únicamente a su alcance las sociedades de ayuda mutua y las sociedades de caridad privada o de beneficencia pública. Palma era la tercera ciudad de España en calidad y cantidad de estas sociedades. Entidades como la del Patronato Obrero, fundada por el pollensín Padre Vives en 1907, y que aún perdura, tenían la función de mitigar el hambre y las penurias que provocaba el paro.
La esperanza de vida de Palma había experimentado una importante mejora en los últimos cincuenta años del siglo XIX, como en el resto de las Baleares. Tanto es así que en 1900 era de 42’55 años, lo que la situaba como la segunda capital de provincia más alta de España, mientras en 1930 alcanzaba ya los 53’17 años. Un dato que puede parecer baja si la comparamos con la actualidad, pero que era muy elevada para la época, y eso que Palma, como el resto de ciudades europeas, sufría los efectos del urban penalty, es decir, la presencia de condicionantes exclusivos que empeoraban las tasas de mortalidad en comparación con el medio rural. De hecho, Mallorca gozaba de la esperanza de vida más alta de todo el Estado español durante estos años. Lógicamente las tasas ordinarias de mortalidad y de mortalidad infantil iban en consonancia con este avanzado estadio de la transición demográfica. Al mismo tiempo, la mortalidad extraordinaria había prácticamente desaparecido, si exceptuamos la pandemia de gripe de 1918 que, como su nombre indica, tuvo un alcance mundial.
Las causas de todo ello hay que buscarlas en el proceso de modernización social, política y sanitaria aria que vivía la ciudad, a pesar de las fuerzas que empujaban en sentido contrario, especialmente el crecimiento demográfico. Concretamente, se debía a la mejora de la higiene pública y privada, fruto de un comportamiento institucional y familiar que se remontaba muchas décadas antes, pero que ahora se racionalizaba gracias a los avances de la bacteriología difundidos por los profesionales de la medicina, y los esfuerzos de un Ayuntamiento cada vez más empeñado en mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.
Esta situación llegó a su culminación con la creación de la red de agua potable durante la Segunda República, aunque también fue muy importante el proceso de cloración del agua que experimentó la ciudad desde la primera década del siglo XX. Tampoco hay que descartar un mejor acceso a la alimentación y la práctica de hábitos saludables, que se empiezan a poner de moda en esa época. Entre estos, cabe citar la búsqueda de la vida al aire libre y la práctica del deporte, sin embargo inicialmente reducidos a la burguesía.
Una excelente muestra de este ambiente ciudadano se puede ver en la interesante filmación de aquellos tiempos que se llama “La fiesta del pedal”. Además, siguieron funcionando las instituciones provinciales asistenciales por excelencia, reformadas durante el siglo precedente.
Las nuevas competencias de la Diputación habían significado un aumento de su dotación presupuestaria y, en consecuencia, una modernización de los servicios que se ofrecían, aspectos que se acabarían consolidando en las primeras décadas del siglo XX. Así, el Hospital General se convirtió paulatinamente en una institución capacitada para curar a los enfermos, aunque básicamente seguía restringido a las clases más pobres. La Misericordia continuó como el gran hospicio de Mallorca, pero con una atención cada vez más profesionalizada con los pobres de solemnidad o los viejos desamparados.
En 1900 los ingresos económicos de la Misericordia se situaban en torno a las 171.000 pesetas, mientras que en el año 1930 llegaban a las 300.000. Pero al mismo tiempo no podemos olvidar que era un centro de reclusión para evitar la mendicidad en la calle.
Por último, la Inclusa siguió el mismo camino de progreso, pero cada vez menos utilizada por los mallorquines, prueba de la nueva valoración de la infancia y del descenso de la natalidad, que regulaba el número de hijos de cada familia según sus necesidades.
Paralelamente el Ayuntamiento invertía en los pobres de la ciudad, especialmente en la atención domiciliaria, ya sea con los médicos titulares como con los servicios de beneficencia municipales. El padrón de beneficencia era una cartilla de asistencia sanitaria para las personas y familias pobres de ciudad. No sabemos exactamente cuántas familias estaban registradas, pero seguramente más de las que apuntaba Mario Verdaguer respecto a los pobres en aquel tiempo:
“Respeto a la no existencia de pobres en Palma, Leclerq tenía razón. En aquella época de mi juventud había solo dos pobres clásicos en la ciudad. Dos únicos pobres que parecían tener la exclusiva de la pobreza en Palma… “pág. 83, La ciudad desvanecida.
En los aspectos más puramente sanitarios, los pobres tenían derecho a una atención sanitaria a domicilio, y también en el dispensario del propio Ayuntamiento, la conocida como Casa de Socorro. El Padrón Municipal duró hasta los años 80 , años en el que se suprimió, ya que universalizó la atención sanitaria. Sus funciones fueron establecidas definitivamente mediante un reglamento publicado en 1908.
De todas formas, la repercusión de todas estas instituciones en las tasas de mortalidad globales de la ciudad es compleja, ya que los estudiosos consideran que su presencia, antes de la implantación de una medicina terapéuticamente eficaz, podía hacer aumentar la mortalidad ordinaria, dado que era un factor de atracción de un gran número de individuos con un alto riesgo de morir provenientes de toda la isla, como es el caso de los pobres enfermos o los niños abandonados, realidades que hay que situar en el citado urban penalty.
Otro elemento de gran relieve fue el aumento de la valoración de la infancia, que se tradujo en una mayor inversión para el bienestar de este sector de la población y en la mejora de sus condiciones sanitarias. En 1904 se aprobaba por primera vez una ley estatal con esta finalidad. Esto no era ajeno a la difusión de la pediatría, que se empezó a implantar por diversas vías, como veremos a continuación. De hecho, no pocas iniciativas en este campo tuvieron un origen privado, aunque acabaron también bajo patrocinio público. Por ejemplo, siguiendo una iniciativa de Alexandre Rosselló (1853-1923), la Diputación creó en 1895 -o ayudó a hacerlo- la llamada “Sociedad Protectora de la Infancia” en Palma, que también gozaba de una subvención del Ayuntamiento.
Esta entidad fue un verdadero precedente de las “Gotas de Leche” creadas poco tiempo después en las principales ciudades del Estado. En Palma, la primera se abrió en enero de 1907, bajo la dirección del médico José Mir Mir, que también trabajaba en la Inclusa. Aunque se trataba de una iniciativa particular, se debe remarcar que no hubiera podido subsistir sin las subvenciones del Ayuntamiento y de la Diputación. Entre otras funciones, tenía un servicio de dispensa de leche, sin la pretensión de sustituir la lactancia materna ni tampoco relegar la mercenaria, sino que se trataba de facilitar leche de la mejor calidad y convenientemente preparada a aquellas madres que, según prescripción del médico, no podían amamantar a su hijo, por un motivo u otro. Los niños atendidos eran debidamente registrados y objeto de un seguimiento semanal. En caso de detectarse una enfermedad, eran visitados por un médico y, si presentaban un cuadro infeccioso (rosa, viruela o tos ferina, principalmente), no podían acudir al consultorio para evitar contagiar a otros niños. Además, con las Gotas de Leche iniciaba una primera campaña puericultora. Esto se concretaba mediante la llamada “Escuela de Madres”, donde debían asistir un día determinado de la semana todas las madres o encargadas de la lactancia de los niños. (Extraído de “La Lucha por la Vida”, p. 169).
Al margen de esta beneficencia que podemos considerar mixta (privada y pública) se desarrolló en la misma época una caridad privada, que disfrutó de una gran importancia en Mallorca, especialmente a cargo de las Hermanas de la Caridad, las Hermanas Franciscanas Hijas de la Misericordia y las Hermanas del Amparo, Terciarias Agustinas, a las que se añadieron a principios del siglo XX otras congregaciones, como las Hermanas de los Sagrados corazones, las cuales preparaban a las futuras madres en los principios de la puericultura. Por último, hay que resaltar que todas estas congregaciones suponían una red asistencial sin parangón en la historia, que abarcaba toda la isla, aunque, por supuesto, no dejaban de lado la doctrina católica.
El movimiento higienista de Palma era muy influyente, como ya habíamos dicho en otro capítulo. Fue el principal valedor de la decisión política del derribo de las murallas, pero tuvo que esperar hasta 1936 para que existiera una red completa de agua potable con suficiente presión para llegar a buena parte de la población de Ciudad.
En el mapa electoral de las votaciones municipales de 1917, bastante realista ya que los resultados no estaban pactados, podemos ver como los barrios de Sa Calatrava, Gerreria, Hostalets, Soledad, etc. fueron los que mayoritariamente votaron a la izquierda, y eran también los que tenían más problemas sociosanitarios, porque había fábricas , talleres, y muchas casas, sin agua ni alcantarillado.
El higienismo era un movimiento muy activo, integrado por médicos y otros profesionales, como pedagogos, ingenieros, arquitectos, enfermeras, etc. Médicos como Riera, Bordoy o Gelabert, ingenieros como Estada o Garau, impulsaban el saneamiento de la ciudad en el ámbito de la conducción de residuos, de la canalización del agua potable, de la inspección en mercados de productos alimenticios y mataderos, del sistema de limpieza de las vías públicas, así como la mejora de la superficie de las viviendas y la ubicación de las fosas sépticas.
Ahora sabemos que la depuración de las aguas ha sido responsable de gran parte del aumento de la esperanza de vida en los países desarrollados durante el siglo XX. La filtración y la cloración del agua potable ha sido probablemente el avance más importante en salud pública del pasado milenio. De esta forma se controló la incidencia de las enfermedades gastrointestinales, que aún hacían estragos entre la población infantil durante los meses de verano de principios del siglo XX.
De todas formas, los inicios de la cloración de la Font de la Vila fue ya una realidad en la primera década del siglo XX -aunque no de forma sistemática hasta los años veinte-, así como la utilización de filtros o la difusión de prácticas puericultoras y sanitarias entre las madres (ebullición del agua, por ejemplo) favorecieron la bajada de la mortalidad.
A pesar de todo esto, se debe tener presente que la educación de los ciudadanos y ciudadanas de Palma 1900, como ya hemos dicho antes, era de las más bajas del Estado. El analfabetismo era uno de los más altos de España. Aunque las escuelas fueran insuficientes y poco adecuados para la enseñanza, aunque era muy alta la demanda educativa por parte de sectores mayoritarios de la población mallorquina (tesis de Bartolomé Orell), en Palma se pusieron en práctica las ideas pedagógicas más avanzadas de la época, siguiendo la estela de los verdaderos pioneros en la materia, como Guillem Cifre de Colonya, Alexandre Rosselló o Miquel Porcel Riera, en contacto con el movimiento de renovación pedagógica que lideraba la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos.
Este creciente interés por la educación (tanto en el ámbito local como estatal) explica que, en las dos primeras décadas del novecientos, se duplicasen el número de escuelas en Palma. Las escuelas unitarias dejarán paso a las graduadas y, en 1912, se inauguró finalmente la escuela graduada de Levante, ya desaparecida. Esta era fruto de un proyecto -un más! – de Gaspar Bennazar. En 1914 se edificó el Instituto Ramon Llull, obra del arquitecto madrileño Tomás Gómez Acebo, y poco después su hermano gemelo, el Joan Alcover.
Con todo no queremos decir que las carencias en este campo no fueran evidentes. Así, mientras que en 1910 las escuelas públicas y privadas eran insuficientes y similares en número de maestros y alumnos, sólo 10 años después el número de maestros de la escuela pública crecerá poco, mientras los de la escuela privada darán un salto del 400 por ciento. De unos 150 maestros pasará a unos 500. Tendremos que esperar bien entrados los años veinte, y de la mano de Joan Capó, Guillem Forteza y Francesc Cases, para ver cómo se crean un número importante de escuelas en Palma y en toda Mallorca, con un modelo de arquitectura funcionalista y una concepción educativa actualizada, que hará subir el nivel educativo de Ciudad, llevándolo a los niveles normales de España.[:]
Palma lluita per un benestar social de nivell europeu
Més enllà de la lluita política, Palma continuava la seva obra modernitzadora amb edificis que avui ja no hi són, com el cine Modern o l’Hotel Alhambra, ambdós de Gaspar Bennazar. Després dels vaivens de l’economia, influïda per la Primera Guerra mundial, les coses començaven a rutllar. Als anys 20, el Port de Palma doblava el tràfic navilier que tenia el 1900, i es creava la primera línia aeronàutica amb Barcelona. El velòdrom de Palma seguia essent el millor d’Espanya i just s’acabava de crear la Real Sociedad Alfonso XIII, antecedent del que després seria el club de futbol Mallorca.
Obra del mateix destí que ens espera a tots, per aquells temps morien dos ciutadans que havien estat protagonistes de les primeres embranzides de la nova ciutat: Miquel dels Sants Oliver, que morí a Barcelona el gener de 1920, el mateix any que Joan Palmer Miralles, el promotor del Gran Hotel. Pocs anys abans havien mort Enric Alzamora, Eusebi Estada, Pere Garau i Guillem Reynés. En el món de la cultura, Costa i Llobera moria el 1922 i Joan Alcover el 1926. Semblava com si la generació dels grans ideòlegs de la transformació de la Palma del XIX a la del XX començaven a donar pas a una altra generació, que seria la que aplicaria aquelles idees en tots els terrenys, de la ciència a la tecnologia, de l’urbanisme a la cultura. Ara venia l’hora de Joan March, Guillem Forteza, Francesc Cases, Alexandre Jaume, Emili Darder, Llorenç Bisbal, Miquel Ferrà, Maria Antònia Salva, Llorenç Villalonga, i tants d’altres que copsarien el protagonisme dels anys previs a la guerra civil.
En aquells anys 20, les condicions generals de la població no eren les més òptimes. L’educació, la sanitat, els serveis socials i les condicions laborals necessitaven mà de metge. Així i tot, la combinació de la iniciativa publica de la Diputació i de l’Ajuntament, juntament amb la iniciativa privada religiosa i laica, donaven un cert suport a les famílies pobres, al mateix temps que pal·liaven les situacions greus de crisi sanitària i/o econòmica. Malgrat totes les dificultats, Palma era, en matèria de benestar social, una de les ciutats més avançades d’Espanya.
Les condicions laborals eren dures i les lluites obreres eren constants, sobretot en els nous sectors industrials. La situació general d’Espanya en el principi d’aquells anys 20 era de crisi política profunda i de vagues generals importants, com la de Barcelona, l’any 1919, de la companyia d’electricitat anomenada la Canadiense, que molt després estarà lligada a un capítol més de la llegenda de Joan March.
La tensió social que provocà dita vaga fou tan intensa que el Govern arribà a declarar l’estat de guerra, com sol·licitava el Capità general de Catalunya, Joaquin Milans del Bosch, avi del Jaime Milans del Bosch que va participar en el cop d’estat del 1981. Així i tot, la vaga fou un èxit i s’aconseguiren moltes de les reivindicacions, entre elles la jornada de vuit hores per a tots els sectors laborals. L’ambient laboral de Palma d’aquella època queda reflectit en la novel·la recentment apareguda de Miquel Mas, “Llums de tardor”.
Les prestacions per atur eren inexistents i la sanitat pública, mínima. L’Estat havia creat el 1921 una prestació d’una pesseta diària -el Retir Obrer- per a quan els treballadors deixaven la feina. Quan la família fallava, la gent pobra tenia únicament al seu abast les societats d’ajuda mútua i les societats de caritat privada o de beneficència pública. Palma era la tercera ciutat d’Espanya en qualitat i quantitat d’aquestes societats. Entitats com la del Patronat Obrer, fundada pel pollencí Pare Vives el 1907, i que encara perdura, tenien la funció de mitigar la fam i les penúries que provocava l’atur.
L’esperança de vida de Palma havia experimentat una important millora en els darrers cinquanta anys del segle XIX, com a la resta de les Balears. Tant és així que el 1900 era dels 42’55 anys, el que la situava com la segona capital de província més alta d’Espanya, mentre el 1930 assolia els 53’17 anys. Una dada que pot semblar baixa si la comparam amb l’actualitat, però que era molt elevada per a l’època, i això que Palma, com la resta de ciutats europees, patia els efectes de l’urban penalty, és a dir, la presència de condicionants exclusius que empitjoraven les taxes de mortalitat en comparació amb el medi rural. De fet, Mallorca gaudia de l’esperança de vida més alta de tot l’Estat espanyol durant aquests anys. Lògicament les taxes ordinàries de mortalitat i de mortalitat infantil anaven en consonància amb aquest avançat estadi de la transició demogràfica. Al mateix temps, la mortalitat extraordinària havia pràcticament desaparegut, si exceptuam la pandèmia de grip de 1918 que, com el seu nom indica, va tenir un abast mundial.
Les causes de tot plegat cal cercar-les en el procés de modernització social, política i sanitària que vivia la ciutat, a pesar de les forces que empenyien en sentit contrari, especialment el creixement demogràfic. Concretament, es devia a la millora de la higiene pública i privada, fruit d’un comportament institucional i familiar que es remuntava moltes dècades abans, però que ara es racionalitzava gràcies als avanços de la bacteriologia difosos pels professionals de la medicina, i als esforços d’un Ajuntament cada cop més capficat en millorar les condicions de vida dels seus ciutadans.
Aquesta situació arribà a la seva culminació amb la creació de la xarxa d’aigua potable durant la Segona República, tot i que també fou molt important el procés de cloració de l’aigua que experimentà la ciutat des de la primera dècada del segle XX. Tampoc s’ha de descartar un millor accés a l’alimentació i la pràctica d’hàbits saludables, que es comencen a posar de moda en aquesta època. Entre aquests, cal citar la recerca de la vida a l’aire lliure i la pràctica de l’esport, tanmateix inicialment reduïts a la burgesia. Una excel·lent mostra d’aquest ambient ciutadà es pot veure a la interessant filmació d’aquells temps que es diu “La fiesta del pedal”.
A més, seguiren funcionant les institucions provincials assistencials per excel·lència, reformades durant el segle precedent. La nova competència adquirida de la Diputació havia significat un augment de la seva dotació pressupostària i, en conseqüència, una modernització dels serveis que s’oferien, aspectes que s’acabarien consolidant a les primeres dècades del segle XX. Així, l’Hospital General es convertí progressivament en una institució capacitada per curar els malalts, encara que bàsicament seguia restringit a les classes més pobres. La Misericòrdia continuà com el gran hospici de Mallorca, però amb una atenció cada cop més professionalitzada envers els pobres de solemnitat o els vells desemparats. El 1900 els ingressos se situaven al voltant de les 171.000 pessetes, mentre que l’any 30 arribaven a les 300.000. Però alhora no podem oblidar que era un centre de reclusió per evitar la mendicitat al carrer. Per últim, la Inclusa seguí el mateix camí de progrés, però cada cop manco utilitzada pels mallorquins, prova de la nova valoració de la infància i del descens de la natalitat, que regulava el nombre de fills de cada família segons les seves necessitats.
Paral·lelament l’Ajuntament invertia en els pobres de la ciutat, especialment en l’atenció domiciliària, ja sigui amb els metges titulars com amb els serveis de beneficència municipals. El padró de beneficència era una cartilla d’assistència sanitària per a les persones i famílies pobres de ciutat. No sabem exactament quantes famílies estaven registrades, però segurament més de les que apuntava Mario Verdaguer respecte als pobres en aquell temps:
“Respecto a la no existencia de pobres en Palma, Leclerq tenia razón. En aquella època de mi juventud había sólo dos pobres clásicos en la ciudad. Dos únicos pobres que parecían tener la exclusiva de la pobreza en Palma…” pàg. 83, La ciudad desvanecida.
En els aspectes més purament sanitaris, els pobres tenien dret a una atenció sanitària a domicili, i també en el dispensari del mateix Ajuntament, la coneguda com a Casa de Socors. El Padró va durar fins als anys 80 del segle XX, anys en el que es va suprimir, ja que s’universalitzà l’atenció sanitària. Les seves funcions van ser establertes definitivament mitjançant un reglament publicat el 1908 .
De totes maneres, la repercussió de totes aquestes institucions en les taxes de mortalitat globals de la ciutat és complexa, ja que els estudiosos consideren que la seva presència, abans de la implantació d’una medicina terapèuticament eficaç, podia fer augmentar la mortalitat ordinària, atès que era un factor d’atracció d’un gran nombre d’individus amb un alt risc de morir provinents de tota l’illa, com és el cas dels pobres malalts o dels infants abandonats, realitats que cal situar dins l’esmentat urban penalty.
Un altre element de gran relleu fou l’augment de la valoració de la infància, que es va traduir en una major inversió pel benestar d’aquest sector de la població i en la millora de les seves condicions sanitàries. El 1904 s’aprovava per primera vegada una llei estatal amb aquesta finalitat. Això no era aliè a la difusió de la pediatria, que es començà a implantar per diverses vies, com veurem a continuació.
De fet, no poques iniciatives en aquest camp varen tenir un origen privat, per bé que acabaren també sota patrocini públic. Per exemple, seguint una iniciativa d’Alexandre Rosselló (1853-1923), la Diputació va crear el 1895 –o va ajudar a fer-ho– l’anomenada “Societat Protectora de la Infància” a Palma, que també gaudia d’una subvenció de l’Ajuntament.
Aquesta entitat fou un veritable precedent de les Gotes de Llet creades poc temps després a les principals ciutats de l’Estat. A Palma, la primera es va obrir el gener de 1907, sota la direcció del metge Josep Mir Mir, el qual també treballava a la Inclusa. Tot i que es tractava d’una iniciativa particular, s’ha de remarcar que no haguera pogut subsistir sense les subvencions de l’Ajuntament i de la Diputació. Entre d’altres funcions, tenia un servei de dispensa de llet, sense la pretensió de substituir la lactància materna ni tampoc relegar la mercenària, sinó que es tractava de facilitar llet de la millor qualitat i convenientment preparada a aquelles mares que, segons prescripció del metge, no podien alletar el seu fill, per un motiu o un altre. Els nins atesos eren degudament registrats i objecte d’un seguiment setmanal. En cas de detectar-se una malaltia, eren visitats per un metge i, si presentaven un quadre infecciós (rosa, pigota o tos ferina, principalment), no podien acudir al consultori per evitar contagiar els altres nins. A més, amb les Gotes de Llet s’iniciava una primera campanya puericultora. Això es concretava mitjançant l’anomenada “Escuela de Madres”, a on havien d’assistir un dia determinat de la setmana totes les mares o encarregades de la lactància dels nins. (extret de “La Lluita per la Vida”, pàg. 169).
Al marge d’aquesta beneficència que podem considerar mixta (privada i pública) es va desenvolupar en la mateixa època una caritat privada, que va gaudir d’una gran importància a Mallorca, especialment a càrrec de les Germanes de la Caritat, les Germanes Franciscanes Filles de la Misericòrdia i les Germanes de l’Empar, Terciàries Agustines, a les quals s’afegiren a principis del segle XX altres congregacions, com les Germanes dels Sagrats Cors, les quals preparaven a les futures mares en els principis de la puericultura. Per últim, s’ha de remarcar que totes aquestes congregacions suposaven una xarxa assistencial sense parangó a la història, que abastava tota l’illa, per bé que, per descomptat, no deixaven de costat la doctrina catòlica.
El moviment higienista de Palma era mot influent, com ja havíem dit en un altre capítol. Va ser el principal valedor de la decisió política de l’enderroc de les muralles, però va haver d’esperar a 1936 perquè existís una xarxa completa d’aigua potable amb suficient pressió per arribar a bona part de la població de Ciutat. En el mapa electoral de les votacions municipals de 1917, bastant realista, ja que els resultats no estaven pactats, podem veure com els barris de Sa Calatrava, Gerreria, Hostalets, Soledat, etc. foren els que majoritàriament votaren a l’esquerra, i eren també els que tenien més problemes sociosanitaris, perquè hi havia fàbriques i tallers, i moltes cases, sense aigua ni clavegueram.
L’higienisme era un moviment molt actiu, integrat per metges i altres professionals, com pedagogs, enginyers, arquitectes, infermeres, etc. Metges com Riera, Bordoy o Gelabert, enginyers com Estada o Garau, impulsaven el sanejament de la ciutat en l’àmbit de la conducció de residus, de la canalització de l’aigua potable, de la inspecció en mercats de productes alimentaris i escorxadors, del sistema de neteja de les vies públiques, així com la millora de la superfície dels habitatges i la ubicació de les fosses sèptiques.
Ara sabem que la depuració de les aigües ha estat responsable de gran part de l’augment de l’esperança de vida en els països desenvolupats durant el segle XX. La filtració i la cloració de l’aigua potable ha estat probablement l’avanç més important en salut pública del passat mil·lenni. D’aquesta forma es controlà la incidència de les malalties gastro-intestinals, que encara feien estralls entre la població infantil durant els mesos d’estiu de principis del segle XX. De totes maneres, els inicis de la cloració de la Font de la Vila que hem de començar a datar a la primera dècada del segle XX -per bé que no de forma sistemàtica fins als anys vint-, la utilització de filtres o la difusió de pràctiques puericultores i sanitàries entre les mares (ebullició de l’aigua, per exemple) afavoriren la baixada de la mortalitat.
A pesar de tot això, s’ha de tenir present que l’educació dels ciutadans i ciutadanes de Palma a 1900 , com ja hem dit abans, era de les més baixes de l’Estat. L’analfabetisme era un dels més alts d’Espanya. De totes maneres, encara que les escoles fossin insuficients i poc adients per a l’ensenyament, encara era pitjor la demanda educativa per part de sectors majoritaris de la població mallorquina (tesi de Bartomeu Orell). De fet, a Palma es posaren en pràctica les idees pedagògiques més avançades de l’època, seguint el rastre dels veritables pioners en la matèria, com Guillem Cifre de Colonya, Alexandre Rosselló o Miquel Porcel Riera, en contacte amb el moviment de renovació pedagògica que liderava la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos.
Aquest creixent interès per l’educació (tant en l’àmbit local com estatal) explica que, en les dues primeres dècades del nou-cents, es duplicassin el nombre d’escoles a Ciutat. Les escoles unitàries deixaran pas a les graduades i, el 1912, s’inaugura finalment l’escola graduada de Llevant, ja desapareguda. Aquesta era fruit d’un projecte -un més! – de Gaspar Bennazar. El 1914 s’edificà l’Institut Ramon Llull, obra de l’arquitecte madrileny Tomás Gómez Acebo, i poc després el seu germà bessó, el Joan Alcover. Això no vol dir que les mancances en aquest camp no fossin evidents.
Així, mentre que a 1910 les escoles públiques i privades eren insuficients i semblants en nombre de mestres i alumnes, només 10 anys després el nombre de mestres de l’escola pública creixerà poc, mentre els de l’escola privada pegarà un salt del 400 per cent. D’uns 150 mestres passarà a uns 500. Haurem d‘esperar ben entrats els anys vint, i de la mà de Joan Capó, Guillem Forteza i Francesc Cases, per veure com es creen un nombre important d’escoles a Palma i a tota Mallorca, amb un model d’arquitectura funcionalista i una concepció educativa actualitzada, que farà pujar el nivell educatiu de Ciutat, duent-lo als nivells normals de l’Estat espanyol.
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Nota important: l’autor del text és el col·lectiu “Palma XXI”. La persona que fa la revisió no té per què coincidir totalment amb les idees que expressi l’autor.
Doctor en Història Contemporània. Professor associat del departament d’Història de la Universitat de les Illes Balears. Ha estudiat aspectes relacionats amb el poder, l’administració local i la salut pública a l’època contemporània. Entre les seves publicacions destaquen: Guillem Cifre de Colonya. Un sant que no anava a missa, El Gall editor 1999; “Llibertat i /o dret a la vida. El resguard sanitari durant el primer liberalisme” publicat a Història Social; La lluita per la vida. Administració, medicina i reforma sanitària (Mallorca 1820-1923) Gall Editor, 2014, conjuntament amb Isabel Moll, Joana M. Pujadas-Mora i Eva Canaleta. També ha estudiat l’època actual amb una extensa obra titulada Història de Pollença. Segle XX. Sa Nostra-Ajuntament de Pollença, 2011. El seu darrer treball és Clara Hammerl, una dona de paraula, 2016.
Fonts consultades:
Referències bibliogràfiques.
MOLL BLANES, I., SALAS VIVES, P., PUJADAS MORA, J. M., et al. (2014): La lluita per la vida. Administració, medicina i reforma sanitària (Mallorca 1820-1923), Pollença, Gall Editor.
Mir Roser y Maria del Carmen Fernández. “Sanidad Municipal. Fondo archivístico Benet Pons y Fàbregues: 1714-1930 Ayuntamiento de Palma”.
Pujadas-Mora Joana Maria. Reforma sanitària y movimiento peuricultor en la lucha contra la mortalidad infantil en la Ciudad de Palma de Mallorca (siglos XIX y XX). Centre d’Estudis Demogràfics – Universitat Autònoma de Barcelona.
Salas Pere. La beneficència i l’assistència social a Mallorca en el marc de l’Estat liberal (1820-1930). A “De la beneficència a l’estat del benestar. Història dels serveis socials a Mallorca. Coordinat per Aina Pascual. Editat pel Consell de Mallorca. Departament de Benestar Social. IMAS. 2010.
Verdaguer Mario. La ciudad desvanecida. Guillermo Canals Editor. Palma 2013.
Refèrencies en pàgines web.
Esperanza de vida:
https://politica.elpais.com/politica/2015/02/26/actualidad/1424969363_446948.html
Vaga general: https://es.wikipedia.org/wiki/Huelga_de_La_Canadiense
Patronat Obrer: http://www.patronatobrer.com/historia.html
Esperanza de vida en España a lo largo del siglo xx: https://w3.grupobbva.com/TLFU/dat/DT_2006_11.pdf
En Mallorca: Dialnet-La avanzada transicion demográfica en Mallorca
Gripe Española: https://www.anfrix.com/2007/11/la-gripe-espanola-de-1918-la-peor-pandemia-de-todos-los-tiempos/
Llibre sobre Història dels Serveis Socials a Mallorca: http://diari.uib.es/arxiu/Presentacion-del-libro-CD-De-la-beneficiencia-a.cid203193
Miquel Mas. Llums de tardor: http://www.diariodemarratxi.com/el-escritor-marratxiner-miquel-mas-ferra-presenta-su-ultima-novela-llums-de-tardor/
Velòdrom el Tirador: http://www.cihefe.es/cuadernosdefutbol/2017/01/el-veloz-sport-balear-decano-del-futbol-balear/
Imatge de capçalera: Tres nines al moll de Palma. Col·lecció Escalas, 1920.