La mujer y el trabajo en la ciudad de los años 20
A día de hoy, estamos en condiciones de afirmar que las mujeres de Palma aportaban, con su trabajo, una parte considerable del producto económico de la ciudad. Además de dedicarse al trabajo productivo, ellas se encargaban también de todo el trabajo reproductivo, es decir, se ocupaban de las labores del hogar, de atender las necesidades de sus maridos y de cuidar a sus hijos. Así lo dictaminaba la rígida moral de aquel entonces. El trabajo productivo y reproductivo, la tradición, el machismo, la religión, los maltratos físicos y psicológicos… Marcaban a sangre y fuego la vida cotidiana de las mujeres desde su más tierna infancia, como ha demostrado Joana Maria Escartín. Esta investigadora ha propuesto un modelo para poder calcular la cuota femenina de la riqueza generada en Palma. Este porcentaje no debería ser menospreciable. Los datos extraídos de las estadísticas oficiales son definitivos. Pero, naturalmente, no hay fuentes que recojan las importantes actividades irregulares o sumergidas de las féminas. Las mujeres de Palma se ocuparon, desde siempre, en todos los sectores productivos: el agrario, el industrial o manufacturero y el de servicios. Eso sí, siempre con salarios muy inferiores a los de los hombres, hecho que aún hoy no ha cambiado demasiado. Para que se comprenda mejor este fenómeno: las mujeres cobraban la mitad del salario masculino. Y los niños cobraban la mitad del sueldo femenino.
En el campo, desarrollaban su trabajo en los huertos, pero también trabajan en las posesiones cercanas a Palma, muchas de ellas todavía productivas en el siglo XX. Su trabajo comenzaba antes de salir el sol y acababa cuando habían finalizado las labores de la unidad familiar y se podían ir a dormir. Cuidaban de la casa, de los hijos, del marido y también de sus padres o suegros. Todo sin descanso, con labores muy pesadas. Prácticamente un 30% de las personas que trabajaban en las zonas rurales de Palma eran mujeres. Y no debemos olvidar que cuando llegaban a casa remendaban la ropa que se había rasgado, confeccionaban las cestas de palma o de fibras vegetales, tejían, cosían, hacían jabón, queso… Trabajos que hacían cuando llovía o cuando anochecía, tras estar ya agotadas de su trabajo en el campo: en esos momentos empezaba otra jornada para las mujeres. Las niñas pequeñas no quedaban exentas de trabajar. Se encargaban de cuidar de los animales (gallinas, conejos o cerdos) así como de ir a los pozos para proveer de agua a la familia. Una clara explotación infantil, pensaríamos ahora. Pero antes, todos los miembros de la familia tenían que contribuir al sustento de la unidad familiar: pequeños, adultos y viejos. Era lo habitual y nadie se planteaba que pudiese ser de otra manera.
El trabajo de la mujer como obrera de fábrica creció exponencialmente a finales del siglo XIX y principios del XX. Fue cuando la industria irrumpió con fuerza y majestuosidad en el paisaje urbano. Las mujeres se adaptaron bien a las actividades fabriles, a pesar de la nula higiene, los maltratos, los acosos, la suciedad, el aire viciado, la toxicidad de los productos y la peligrosidad en el uso de las máquinas y herramientas de los establecimientos industriales. Inconvenientes estos que eran comunes en todos los edificios fabriles. La coexistencia de talleres domiciliarios y de fábricas no generaba problemas, todo al contrario. Encontramos a la mujer trabajando en talleres de zapatos, sastrerías, herrerías, y también como jornaleras en fábricas textiles o de zapatos. Las mujeres tenían una experiencia acumulada históricamente que no se podía infravalorar. Sabían coses, confeccionaban telas, manejaban teleros, eran reparadoras de calzado… Y tenían las manos pequeñas y diestras, mucho más que las de los hombres. Todo esto era muy apreciado por los propietarios de fábricas y talleres. En el sector industrial, la presencia de la mujer en Palma se situaba en torno al 20%, siempre según las estadísticas oficiales. Muchas de ellas no contaban como jornaleras.
La mujer como trabajadora fabril se convirtió en un problema social. Era la primera vez que las mujeres adultas, jóvenes y niñas salían de casa masivamente. Eso significó la contribución al sustento de la familia y el cuestionamiento de la masculinidad del cabeza de familia, bautizado por los anglosajones como “breadwinners” (literalmente, los ganadores del pan). Los auténticos sustentos de la familia, las mujeres, habían dejado de trabajar en casa.
En el sector terciario encontramos a las mujeres trabajando, en primer lugar, en el servicio doméstico, básicamente como criadas (criadas y nodrizas representaban el 66% del terciario). Después se localizaban en los servicios religiosos (conventos, iglesias e instituciones sociales y sanitarias). Y finalmente, en la enseñanza.
La importancia del servicio doméstico tiene mucho que ver con el desarrollo económico de Palma, fenómeno que contribuyó a la emigración femenina hacia la capital desde el resto de la isla. En este sentido, y según las investigaciones de Carmen Sarasúa, Palma era una de las ciudades españolas con una tasa de feminidad más alta debido a este desplazamiento desde los pueblos a la ciudad. Eran los padres quienes negociaban la colocación de sus hijas en casas de Palma. La mayor parte eran niñas de 10, 11, 12, 13 y 14 años de edad. Las señoras no las querían más mayores, así podían modelarlas a su gusto. A menudo, los padres las dejaban entre desconocidos a cambio de comida y una cama para dormir en un rincón de la casa. Las niñas llegaban con una bolsa de ropa y los padres las abandonaban, literalmente, a cambio de nada. En ocasiones no las volverían a ver. Las niñas quedaban desconsoladas, temerosas, desoladas.
Es fácil imaginar que la mayor parte de la sociedad de aquel tiempo, incluidas también las mujeres, estaba atrasada, era ignorante y muy fanática desde el punto de vista religioso, y no estaba de acuerdo en que la mujer se incorporara a los trabajos que eran considerados, habitualmente, trabajos de hombres, ya fuese en el comercio, la artesanía o la industria. Argumentos de todo tipo (físicos, morales, sexuales, religiosos, etc.) se esgrimían para ir en contra del que era ya un proceso más que generalizado en toda Europa.
Las palabras del abogado y político liberal Alexandre Rosselló, de 1904, nos ayudan a atisbar la realidad de las mujeres en nuestro país: “En España, vive la mujer en un triste desamparo, porque a vueltas del lirismo que las consagramos al apellidarla ángel del hogar, encanto y sostén de la familia, en realidad la abandonamos en absoluto a todas las miserias y a todas las necesidades de la vida, que para ella es mucho más cruel que para el hombre”. Hoy día es imperioso reivindicar y estudiar, en palabras de Julián Casanova, este “terreno ignorado”, la “common people” de la historia. Y el hecho que ser mujer significaba estar integrada en las capas más profundas de este terreno ignorado.
Llemos horrorizados las palabras, publicadas en 1880, de Guillermo Janer. Pensaba que a la mujer mallorquina “hay que educarla, elevarla a su propia y providencial esfera para que pueda ser eficaz y felizmente corresponder a su regeneradora tarea”. Palabras vacías de contenido que tienen la pretensión de que la mujer retorno a donde jamás debería haber salido: su hogar. Pero Janer insiste: la casa familiar es considerada el reino de la muner, el lugar donde encuentra su verdadera vocación y dónde desarrolla su personalidad”. En definitiva, el hogar para la mujer y la mujer para el hogar. Y esta debe ser su mayor preocupación, por encima de cualquier interés personal que debe dejar al margen. La diversión, la coquetería, el deseo o la belleza física, son enemigos de la mujer y dañan a su familia y a su marido. Leed estas palabras sin perder desfallecer: “Ser vencidos por una mujer de mérito es un triunfo. Ser vencidos por una estúpida, es una derrota”. Y no se cansaban de decir estas cosas, sin darse cuenta que los verdaderos estúpidos eran ellos.
De cualquier manera, la realidad se impuso a las fantasiosas elucubraciones que, además, eran abundantísimas. Las necesidades económicas de las familias impulsaron cada vez con más ímpetu a las mujeres a salir de casa y trabajar de vendedoras de pescado en las calles, “pescado fresco y que no salta”, decían, y de obreras industriales, y las calles de Palma se llenaban de gom a gom de mujeres “a toque de pito” que activaban los encargados de las fábricas en señal de inicio de la extenuante jornada laboral.
Esta frase final no deja lugar a dudas. Se debe tener muy claro que la mujer siempre ha trabajado. Siempre. En el hogar, en la unidad productiva familiar y en las fábricas más modernas y mecanizadas. La mujer siempre ha contribuido al mantenimiento de su familia.[:]
La dona i el treball a la ciutat dels anys 20
Avui dia estam en condicions d’afirmar que les dones de Palma aportaven, amb la seva feina, una part considerable del producte econòmic de Ciutat. A més de dedicar-se al treball productiu, elles s’encarregaven, també, de tota la feina reproductiva, és a dir, de menar la casa, d’atendre les necessitats dels seus marits i de tenir cura dels seus infants. Així ho dictava la rígida moral d’aquell temps. El treball productiu i reproductiu, la tradició, el masclisme, la religió, els maltractaments físics i psicològics marcaven a sang i foc la vida quotidiana de les dones des de la seva més tendra infantesa, com ha demostrat Joana Maria Escartín. Aquesta investigadora ha proposat un model per poder calcular la quota femenina de la riquesa generada a Ciutat. Aquest percentatge no devia ser gens menyspreable. Les dades extretes de les estadístiques oficials són definitives. Però, naturalment, no hi ha fonts que recullin les importants activitats irregulars o submergides de les fèmines. Les dones de Palma s’ocuparen, des de sempre, en tots els sectors productius: l’agrari, l’industrial o manufacturer i el de serveis. Això sí, sempre amb salaris molt inferiors als dels homes, fet que encara avui no ha canviat gaire. Perquè es comprengui millor aquest fenomen: les dones cobraven la meitat del salari masculí. I els infants cobraven la meitat del sou femení.
En el camp desenvolupaven la seva feina en els horts però també s’ocupaven a les possessions que envoltaven Palma, moltes d’elles encara ben productives en el segle XX. La seva feina començava abans de sortir el sol i acabava quan havia finalitzat les tasques de la unitat familiar i podia anar a dormir. Tenien cura de la casa, dels fills, del marit, i també dels seus pares o sogres. Tot sense descans, amb tasques molt pesades. Gairebé un 30% de les persones que feinejaven a les zones rurals de Palma eren dones. I no hem d’oblidar que quan arribaven a casa apedaçaven la roba que s’havia esqueixat, confegien les senalles de palma o de fibres vegetals, teixien, cosien, treballaven amb la filosa, feien sabó, formatge… I totes aquestes tasques les feien quan plovia, o quan ja es feia fosc després de tornar esgotades de fer de pageses. En aquests moments començava una altra jornada per a les dones. Les nines petites no quedaven exemptes de treballar. S’encarregaven de tenir cura dels animals, gallines, conills o porcs. I també d’anar als pous per proveir d’aigua a la família. Una clara explotació infantil, pensam aborronats ara. Però abans, tots els membres de la família havien de contribuir al sosteniment de la unitat familiar, petits, adults i vells. Era l’habitual i ningú no es plantejava que pogués ser d’una altra manera.
El treball de la dona com a obrera fabril va créixer exponencialment a finals del segle XIX i principis del XX. Va ser quan la fàbrica va irrompre amb força i amb majestuositat en el paisatge urbà. Les dones s’hi adaptaren bé a les activitats fabrils, malgrat la nul·la higiene, els maltractaments, els assetjaments, la brutor, l’aire viciat, la toxicitat dels productes i la perillositat de manejar les màquines i eines dels establiments industrials. Inconvenients que eren comuns a tots els edificis fabrils. La coexistència de tallers domiciliaris i de fàbriques no generava problemes, tot el contrari. Trobam a la dona fent feina en tallers de sabates, sastreries, gerreries, i també com a jornaleres en fàbriques tèxtils o de sabates. Les dones tenien una experiència acumulada històricament que no es podia infravalorar. Sabien cosir, confeccionaven teles, manejaven telers, eren reparadores de calçat… I tenien les mans petites i destres, molt més que la dels homes. Tot això era molt apreciat pels propietaris de fàbriques i tallers. En el sector industrial, la presència de la dona a Ciutat se situava entorn del 20%, sempre segons les estadístiques oficials. Moltes d’elles no comptaven com a jornaleres.
La dona com a treballadora fabril es va convertir en un problema social. Era la primera vegada que les dones adultes, joves i nines sortien de casa massivament. Això volia dir que contribuïen al sosteniment de la família i qüestionaven la masculinitat dels cap de família, batiats pels anglosaxons com a “breadwinners”, literalment, els guanyadors de pa. Els autèntics sostenidors de la família, les dones, havien de feinejar a casa.
En el sector terciari trobam a les dones fent feina, en primer lloc, en el servei domèstic, bàsicament, com a criades (criades, dides i tetes representaven un 66% del terciari). Després es localitzen en els serveis religiosos (convents, esglésies i institucions socials i sanitàries). I finalment les trobam a l’ensenyament.
La importància del servei domèstic té molt a veure amb el desenvolupament econòmic de Palma, fenomen que contribuí a l’emigració femenina de la part forana a la capital. En aquest sentit, i segons les investigacions de Carmen Sarasúa, Palma era una de les ciutats espanyoles amb una taxa de feminitat més alta degut al desplaçament dels pobles a Ciutat. Eren els pares els que negociaven la col·locació de les seves filles a cases de ciutat. La major part eren nines, criadetes, de 10, 11, 12, 13 i 14 anys. Les senyores no les volien més grans, les volien modelar al seu gust. Moltes vegades, els pares les deixaven entre desconeguts a canvi d’un llit per dormir a un raconet de la casa i de menjar. Les nines arribaven amb un boliquet de roba i els pares les abandonaven, literalment, a canvi de res i, tal vegada, no les tornaven a veure pus mai. Les nines quedaven desconsolades, temoroses, desolades.
És fàcil d’imaginar que la major part de la societat d’aquell temps, incloses també les dones, estava endarrerida, era ignorant i molt fanàtica des del punt de vista religiós, i no estava d’acord en el fet que la dona s’incorporés en els treballs que eren considerats, habitualment, feines d’homes, ja fos en el comerç, l’artesania o la indústria. Arguments de tot tipus, físics, morals, sexuals, religiosos, etc., s’esgrimien per anar en contra del que ja era un procés més que generalitzat a tota Europa.
Les paraules de l’advocat i polític liberal Alexandre Rosselló, de 1904, ens ajuden a copsar la realitat de les dones al nostre país: “En España, vive la mujer en un triste desamparo, porque a vueltas del lirismo que las consagramos al apellidarla ángel del hogar, encanto y sostén de la familia, en realidad la abandonamos en absoluto a todas las miserias y a todas las necesidades de la vida, que para ella es mucho más cruel que para el hombre”. A hores d’ara, és imperiós reivindicar i estudiar, en paraules de Julián Casanova, aquest “terreno ignorado”, el “common people” de la història. I el fet que ser dona significava estar integrada a les capes més profundes d’aquest terreny ignorat.
Llegim horroritzats les paraules, publicades a 1880, de Guillermo Janer. Pensava de la dona mallorquina que “hay que educarla, elevarla a su propia y providencial esfera para que pueda ser eficaz y felizmente corresponder a su regeneradora tarea”. Paraules buides de contingut que tenen la pretensió que la dona retorni a on no hauria d’haver sortit mai, la seva llar. Però Janer insisteix: “la casa familiar és considerada el regne de la dona, el lloc on troba la seva vertadera vocació i on desenvolupa la seva personalitat”. En definitiva, la llar per a la dona i la dona per a la llar. I aquesta ha de ser la seva major preocupació, per sobre del seu interès personal, que ha de deixar al marge. La diversió, la coqueteria, el desig, la bellesa física són enemics de la dona i fan malbé a la seva família i al seu marit. Llegiu aquestes paraules sense perdre el sentit: “Ser vencidos por una mujer de mérito es un triunfo. Ser vencidos por una estúpida, es una derrota”. I no es cansaven de dir aquestes coses i no s’adonaven que els vertaders estúpids eren ells.
Tanmateix, la realitat s’imposà a les fantasioses elucubracions que, a més, eren abundantíssimes. Les necessitats econòmiques de les famílies impulsaren de cada vegada amb més ímpetu a les dones a sortir de casa i fer de placeres, de venedores de peix pels carrers, “peix fresc i que no bota”, deien, i d’obreres industrials, i els carrers de Palma s’omplien de gom a gom de dones, “a toc de pito”, que feien sonar els encarregats de les fàbriques en senyal d’inici de l’extenuant jornada laboral.
Aquesta sentència final no deixa lloc al dubte. S’ha de tenir molt clar que la dona sempre ha fet feina. Sempre. A ca seva, a la unitat productiva familiar, a les fàbriques, factories, més modernes i mecanitzades. La dona sempre ha contribuït al manteniment de la seva família.
Revisat per

Revisa el text Joana Maria Escartín, Doctora en Història Econòmica. Professora Titular d’Universitat d’Història i Institucions econòmiques a la UIB (1996-2010). Ha investigat i publicat nombrosos articles i llibres en torn el desenvolupament econòmic, la dona en el mercat de treball, processos d’emigració, condicions de vida i història industrial (segles XIX i XX). És Premi Ciutat de Palma d’Investigació 1992.
Nota important: l’autor del text és el col·lectiu “Palma XXI”. La persona que fa la revisió no té per què coincidir totalment amb les idees que expressi l’autor.
Fonts consultades:
Referencias bibliográficas:
ALBERTÍ, Antònia i MOREY, Antònia (1986): “El funcionament d’una possessió mallorquina en el primer terç del segle XIX: Son Vivot del Puig d’Inca, Randa, nº20, pp. 5-45.
ESCARTÍN BISBAL Joana Maria. El quefer ocult. El mercat de treball de la dona a la Mallorca contemporània (1870-1940). Edicions Documenta Balear. 2001
ESCARTÍN BISBAL, Joana Maria (2000): La Ciutat amuntegada. Indústria del calçat, desenvolupament urbà i condicions de vida de la classe treballadora a la Palma contemporània, 1840-1940, Documenta Balear edicions, Palma.
GELABERT CANO, Antonio (1883): Memoria de las clases obreras, Imprenta de Juan Colomar.
GELABERT, M. i altres (1900): L’obra de palma. Cistelles, graneres i cordats, Sa Nostra/Conselleria de Comerç i Indústria del Govern Balear, Palma.
GENOVARD, Bàrbara (1989): Tall de Dones, Institut d’Estudis Baleàrics, Palma, en concret, pp. 106-118.
MANERA, Carles: Las islas del calzado: historia económica del sector en Baleares (1200-2000)
Pascual, Aina; Llabrés, Jaume (coord.). Dones a les Illes: treball, esplai i ensenyament. (1895-1945). Palma: Impremta Politècnica. (1997)
SARASÚA, Carmen (1994): Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868, Editorial Siglo XXI, Madrid.
Referencias en páginas web:
Roig Mª Antonia. Anàlisi d’un fracàs: l’Institut d’Estudis Superiors per a la Dona. UIB.
http://www.raco.cat/index.php/EducacioHistoria/article/view/223024.
Miquel Porcel el pedagog que fa un viatge a Europa a 1890.
http://www.mecd.gob.es/dctm/revista-de-educacion/doi/361144.pdf?documentId=0901e72b811d3cf0
Treball de la Dona
https://books.google.es/books?id=nXK5OKjQQaIC&pg=PA47&lpg=PA47&dq=el+trabajo+de+la+mujer+en+Palma+de+Mallorca+en+el+siglo
Escola Infantil Paula Torres, Carrer d’Amer 53.
http://ibdigital.uib.cat/greenstone/collect/premsaForanaMallorca/index/assoc/Miramar_/1991_mes.dir/Miramar_1991_mes01_02_03_n0006.pdf
María Mut i Mandilego.
https://ca.wikipedia.org/wiki/Maria_Mut_Mandilego
Imagen de cabecera:
“Obreras mallorquinas tejiendo tapiz de nudo hecho a mano en la fábrica que los Hermanos Hernández poseen en Palma de Mallorca”. Fuente: Arxiu del So i de la Imatge.Referències bibliogràfiques:
ALBERTÍ, Antònia i MOREY, Antònia (1986): “El funcionament d’una possessió mallorquina en el primer terç del segle XIX: Son Vivot del Puig d’Inca, Randa, nº20, pp. 5-45.
ESCARTÍN BISBAL Joana Maria. El quefer ocult. El mercat de treball de la dona a la Mallorca contemporània (1870-1940). Edicions Documenta Balear. 2001
ESCARTÍN BISBAL, Joana Maria (2000): La Ciutat amuntegada. Indústria del calçat, desenvolupament urbà i condicions de vida de la classe treballadora a la Palma contemporània, 1840-1940, Documenta Balear edicions, Palma.
GELABERT CANO, Antonio (1883): Memoria de las clases obreras, Imprenta de Juan Colomar.
GELABERT, M. i altres (1900): L’obra de palma. Cistelles, graneres i cordats, Sa Nostra/Conselleria de Comerç i Indústria del Govern Balear, Palma.
GENOVARD, Bàrbara (1989): Tall de Dones, Institut d’Estudis Baleàrics, Palma, en concret, pp. 106-118.
MANERA, Carles: Las islas del calzado: historia económica del sector en Baleares (1200-2000)
Pascual, Aina; Llabrés, Jaume (coord.). Dones a les Illes: treball, esplai i ensenyament. (1895-1945). Palma: Impremta Politècnica. (1997)
SARASÚA, Carmen (1994): Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868, Editorial Siglo XXI, Madrid.
Referències en pàgines web:
Roig Mª Antonia. Anàlisi d’un fracàs: l’Institut d’Estudis Superiors per a la Dona. UIB.
http://www.raco.cat/index.php/EducacioHistoria/article/view/223024.
Miquel Porcel el pedagog que fa un viatge a Europa a 1890.
http://www.mecd.gob.es/dctm/revista-de-educacion/doi/361144.pdf?documentId=0901e72b811d3cf0
Treball de la Dona
https://books.google.es/books?id=nXK5OKjQQaIC&pg=PA47&lpg=PA47&dq=el+trabajo+de+la+mujer+en+Palma+de+Mallorca+en+el+siglo
Escola Infantil Paula Torres, Carrer d’Amer 53.
http://ibdigital.uib.cat/greenstone/collect/premsaForanaMallorca/index/assoc/Miramar_/1991_mes.dir/Miramar_1991_mes01_02_03_n0006.pdf
María Mut i Mandilego.
https://ca.wikipedia.org/wiki/Maria_Mut_Mandilego
Imatge de capçalera:
“Obreras mallorquinas tejiendo tapiz de nudo hecho a mano en la fábrica que los Hermanos Hernández poseen en Palma de Mallorca”. Font: Arxiu del So i de la Imatge.