La ciudad de Palma, republicana por primera vez
Las sucesivas luchas entre liberales y conservadores, entre republicanos y monárquicos, con muchas variantes y grupos de toda condición, dio pie a otro golpe revolucionario que puso al frente del Ayuntamiento a los republicanos, después de la caída de la monarquía de Isabel II.
Durante los 6 años que llevará este período – denominado el Sexenio Revolucionario – Palma tuvo seis alcaldes. Entre todos ellos destacó el que gobernó durante tres años, Rafel Manera del partido Republicano Federal, partido liderado en España por Francesc Pi i Maragall.
Rafael Manera era médico y masón, fue el primer alcalde escogido por sufragio universal masculino, según la constitución de 1869. En tan poco tiempo se destacó por iniciativas educativas y sanitarias, como haría durante la segunda república otro médico: Emili Darder. Impulsó reformas urbanistícas importantes como la apertura de la calle de Conquistador y sobre todo el derrumbe de la muralla marítima ante la Llotja hasta la puerta de entrada principal del muelle de Palma. Fue diputado a Cortes el 1873 y, lamentablemente, ya retirado de la política, se suicidó el 1890 probablemente por problemas económicos.
El periodo revolucionario duró sólo seis años, de los cuales 11 meses fueron los de la brevísima Primera República Española. Después volvieron los Borbones: empezaba el periodo denominado de la Restauración que duraría hasta la Segunda República, el 1931.
La historia de Palma contemporánea no se entiende sin la experiencia del Sexenio Democrático (1868-74). El proyecto liberal de la ciudad sufrirá una primera crisis a partir de 1869. La nueva burguesía industrial estaba debilitada y dividida durante la llamada “fiebre de oro” debido sobretodo a la inversión de capital que, proveniente de las colonias sublevadas, se refugiaba en muchos de los negocios de Ciutat.
Había un cambio generacional, una desafección de la clase política dirigente, precisamente porque las élites económicas y un sector todavía de la nobleza local, dejaron las clases populares a la intemperie, provocando el escepticismo, respecto a la bondad de las intenciones del proyecto liberal para la Ciutat. En cambio, el pensamiento liberal de Ciutat sostuvo la tesis del fracaso del modelo laicista y republicano, y se reafirmó en la idea que el progreso se tenía que regular y controlar. El republicanismo federal promovió un rechazo al centralismo que se expresó, por ejemplo, con las críticas al servicio militar obligatorio o la campaña contra los diputados “cuneros”, aquellos candidatos electorales que denominaba el partido desde Madrid y que no eran nacidos ni tenían en muchas ocasiones ninguna relación con la provincia por donde se presentaban.
Los intelectuales de la Restauración nos ofrecieron una versión radical y revolucionaria de este periodo, como se refleja en el libro Treinta años de Provincia, de Miquel dels Sants Oliver. Ya se empezaba a mostrar una sociedad con dos contrapesos que irían cobrando cada vez más fuerza: los tradicionalistas que querían volver al pasado y los obreros que querían cambios radicales. He aquí el pensamiento de los republicanos:
“Escuelas, cajas de ahorro, vapores, carreterras, ferrocarriles y fábricas se lo que Mallorca necesita. Con esto y menos curas de los que hay, pronto se veria la isla libre de la ignorancia y del carlismo que la envilece“.
Extraído del periódico El iris del pueblo. Citado por Catalina Martorell
Algunas de estas ideas se hicieron realidad y otras quedaron en un cajón. Más tarde, a principios de siglo, republicanos y liberales coincidirán en el derribo de las murallas. El movimiento obrerista empezaba a ser una realidad, producto de la incipiente industrialización de Ciutat. Desde Palma se hicieron oír voces autorizadas, como por ejemplo la de Francesc Tomàs, obrerista internacionalista que editaba El obrero, publicación que llegó incluso a manos de Karl Marx. Por primera vez, algunas mujeres se atrevieron a expresar sus opiniones políticas en público, por ejemplo la obrera Magdalena Bonet. Tendremos que esperar hasta la segunda república para que las mujeres de Palma pudieran votar.
El Sexenio revolucionario sirvió para experimentar, para probar, pero también para impulsar nuevas políticas urbanísticas, sociales y culturales que a la larga se irían consolidando. La experiencia del Sexenio significó un punto de inflexión por la cultura liberal palmesana, burguesa y de orden, puesto que quedó estigmatizada y también se produjo una diversificación de la prensa publicada en Palma, con orientaciones políticas muy diferentes.
Todas estas transformaciones urbanas todavía son visibles, como la urbanización de Santa Catalina, influenciada por Ildefonso Cerdà de Barcelona, y que nadie podría imaginar aquellos días que un día sería uno de los barrios mas de moda de la ciudad de hoy y unos de los barrios más gentrificados.
Los debates urbanísticos que se trasladaban en el interior del Consistorio de Palma dejaron a las claras el espíritu intensamente vivo y dinámico de una ciudad que contaba con una musculatura preparada para hacer frente a la modernidad.
Sabemos, aun así, que durante estos años Palma generó ilusiones y propuestas de un gran interés, muchas de las cuales eran debatidas en profundidad entre los socios del Ateneo Balear o entre los activistas del Círculo Mallorquín, entonces el casino liberal progresista, donde se proyectaron las políticas más arriesgadas y con más vainica cultural de Palma.
Palma era ya una ciudad moderna pero insegura, con una capacidad de inversión pública insuficiente y muy afectada por el paso de la peste amarilla de 1870. De hecho, el Ayuntamiento de Palma, con gobiernos inestables y poco constantes, no fue nunca capaz de liderar los cambios que el mismo aprobaba, fenómeno que veremos repetido hasta avanzado el siglo XX.
La ciutat de Palma, republicana per primera vegada.
Les successives lluites entre liberals i conservadors, entre republicans i monàrquics, amb moltes variants i grups de tota condició, va donar peu a un altre cop revolucionari que va posar al front de l’Ajuntament als republicans, després de la caiguda de la monarquia d’Isabel II.
Durant els 6 anys que durà aquest període – anomenat el Sexenni Revolucionari – Palma va tenir sis batlles. Entre tots ells va destacar el que va governar durant tres anys, Rafel Manera del partit Republicà Federal, partit liderat a Espanya per Francesc Pi i Maragall.
Rafael Manera era metge i maçó, fou el primer batlle escollit per sufragi universal masculí, segons la constitució de 1869. En tan poc temps es va destacar per iniciatives educatives i sanitàries, com feria durant la segona república un altre metge: Emili Darder. Impulsà reformes urbanistes importants com l’obertura del carrer de Conquistador i sobretot l’esbucament de la murada marítima davant la Llotja fins a la porta d’entrada principal del moll de Palma. Va ser diputat a Corts el 1873 i, lamentablement, ja retirat de la política, es va suïcidar el 1890 probablement per problemes econòmics.
El període revolucionari va durar només sis anys, dels quals 11 mesos varen ser els de la brevíssima Primera República Espanyola. Després tornaren els Borbons: començava el període anomenat de la Restauració que duraria fins a la Segona República, el 1931.
La història de Palma contemporània no s’entén sense l’experiència del Sexenni Democràtic (1868-74). El projecte liberal de la ciutat patirà una primera crisi a partir de 1869. La nova burgesia industrial estava afeblida i dividida durant l’anomenada “febre d’or” degut sobretot a la inversió de capital que provinent de les colònies revoltades es refugiava en molts dels negocis de Ciutat.
Hi havia un canvi generacional, una desafecció de la classe política dirigent, precisament perquè les elits econòmiques i un sector encara ben viu de la noblesa local, deixaren les classes populars a la intempèrie, provocant l’escepticisme, respecte a la bondat de les intencions del projecte liberal per a la Ciutat. En canvi, el pensament liberal de Ciutat va sostenir la tesi del fracàs del model laïcista i republicà, i es va reafirmar en la idea que el progrés s’havia de regular i controlar. El republicanisme federal promogué un rebuig al centralisme que s’expressà, per exemple, amb les crítiques al servei militar obligatori o la campanya contra els diputats “cuneros“, aquells candidats electorals que anomenava el partit des de Madrid i que no eren nascuts ni tenien en moltes ocasions cap relació amb la província per on es presentaven.
Els intel·lectuals de la Restauració ens oferiren una versió radical i revolucionària d’aquest període, com es reflecteix al llibre Treinta años de Provincia, de Miquel dels Sants Oliver. Ja es començava a mostrar una societat amb dos contrapesos que anirien cobrant cada vegada més força: els tradicionalistes que volien tornar al passat i els obreristes que volien canvis radicals. Vet aquí el pensament dels republicans:
“Escuelas, cajas de ahorro, vapores, carreterras, ferrocarriles y fábricas es lo que Mallorca necesita. Con esto y menos curas de los que hay, pronto se veria la isla libre de la ignorancia y del carlismo que la envilece“.
Extret del periòdic El iris del pueblo. Citat per Catalina Martorell
Algunes d’aquestes idees es varen fer realitat i altres quedaren al calaix. Més tard, a principis de segle, republicans i liberals coincidiran en l’enderrocament de les murades. El moviment obrerista començava a ser una realitat, producte de la incipient industrialització de Ciutat. Des de Palma es feren sentir veus autoritzades, com ara la de Francesc Tomàs, obrerista internacionalista que editava El obrero, publicació que arribà fins i tot a les mans d’en Karl Marx. Per primera vegada, algunes dones s’atreviren a expressar les seves opinions polítiques en públic, per exemple l’obrera Magdalena Bonet. Haurem d’esperar fins a la segona república perquè les dones de Palma poguessin votar.
El Sexenni revolucionari serví per experimentar, per provar, però també per impulsar noves polítiques urbanístiques, socials i culturals que a la llarga s’anirien consolidant. L’experiència del Sexenni significà un punt d’inflexió per la cultura liberal palmesana, burgesa i d’ordre, ja que quedà estigmatitzada i també es produí una diversificació de la premsa publicada a Palma, amb orientacions polítiques molt diferents.
Totes aquestes transformacions urbanes encara són visibles, com la urbanització de Santa Catalina, influenciada per l’Ildefons Cerdà de Barcelona, i que ningú podria imaginar aquells dies que un dia seria un dels barris mes de moda de la ciutat d’avui i uns dels barris més gentrificats.
Els debats urbanístics que es traslladaven a l’interior del Consistori de Palma deixaren a les clares l’esperit intensament viu i dinàmic d’una ciutat que comptava amb una musculatura preparada per plantar cara a la modernitat.
Sabem, tanmateix, que durant aquests anys Palma generà il·lusions i propostes d’un gran interès, moltes de les quals eren debatudes en profunditat entre els socis de l’Ateneu Balear o entre els activistes del Círculo Mallorquín, llavors el casino liberal progressista, on es projectaren les polítiques més arriscades i amb més calat cultural de la Ciutat.
Palma era ja una ciutat moderna però insegura, amb una capacitat d’inversió pública insuficient i molt afectada per la passa de pesta groga de 1870. De fet, l’Ajuntament de Palma, amb governs inestables i poc constants, no va ser mai capaç de liderar els canvis que ell mateix aprovava, fenomen que veurem repetit fins avançat el segle XX.
Revisat per

Professor Titular d’Universitat d’Història Contemporània. Investigador del Grup d’Estudi de la Cultura, la Societat i la Política al Món Contemporani de la UIB i Investigador de la Xarxa Mediterrània d’Història Cultural. Les seves principals línies de recerca són la història de la premsa contemporània, els processos migratoris, els conflictes colonials i els debats polítics des de la Restauració fins a la Transició. Ha publicat articles a revistes científiques com, Afers, Pasado y Memoria, Historia Contemporánea i Mayurqa. És autor de nombrosos llibres així com coordinador de l’Atles d’Història de Mallorca (2000-2005) i del Diccionari de Partits Polítics de les Illes Balears (2012).
Nota important: L’autor del text és el col·lectiu “Palma XXI”. La persona que fa la revisió no té per què coincidir totalment amb les idees que expressa l’autor.
Fonts consultades:
Referències bibliogràfiques
–CANTARELLAS,C. La arquitectura mallorquina desde la Ilustración a la Restauración. Ed. Institut d’Estudis Baleàrics. Palma, 1981.
-CANTARELLES, C. Quadrado i el patrimoni historicoartístic dins Josep Maria Quadrado i el seu temps. Ed. Miquel Font. Palma, 1997
-DURAN, M.; Repercusiones de la Revolución de 1868 en Mallorca. Palma, 1980.
–ENSEÑAT, J.; ESCALES, J. Historia de la fiebre amarilla que se padeció en Palma de Mallorca en 1870. Palma, 1870.
-FERRÀ, B. La ciutat fa seixanta anys 1850-1900. Estudi preliminar i notes: Pere Fullana. Ed. Miquel Font, 1996.
-FULLANA, P.; MARIMON, A. Característiques generals del republicananisme a Mallorca (1868-1923). Dins la revista Lluc, núm. 794, setembre-octubre 1996.
-MARCH NOGUERA, J. L’enderrocament de les murades de Palma un triomf de l’higienisme mallorquí al Congrés d’Història de la medicina catalana. Vol 1. Pollença, 2002.
-MARIMON, A. L’associacionisme republicà a Mallorca (1868-1936) a les XIX Jornades d’Estudis Històrics Locals. IEB. Palma, 2001.
-MARIMON, A..-En tierra hostil: La prensa diària republicana en as Islas Baleares durante la restuaración Canovista (1879-1894). Historia Contemporánea 48: 245-281. ISSN: 1130-2402
– MARTORELL FULLANA C. Modernització, republicanisme i patrimoni a la ciutat de Palma a l’època del Sexenni Democràtic (1868-1874). Treball de Master Patrimoni Cultural Curs 2008-2009
-OLIVER, Miquel dels Sants. Treinta años de provincia. Ed. Miquel Font. Palma, 1986.
–PEÑARRUBIA, I., El sexenni democràtic (1868-1974). Ed. Documenta Balear. Palma de Mallorca, 2005.
Referències en pàgines web
https://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Manera
https://es.wikipedia.org/wiki/Antoni_Villalonga
Imatge de capçelera
Diari EL OBRERO, primera publicació obrera de l’illa, fundat per Francesc Tomàs Oliver l’any 1869. Sobre la demolició del monument a Isabel II l’any 1868. El lloc és l’actual plaça de la reina. La fotografia és de l’arxiu municipal de Palma, d’autor desconegut.