La ciudad literaria de los años 60
El microcosmo literario de Palma en los años 60, tan desordenado como complejo, se podría decir que tenía forma de tres constelaciones que aglutinaban la mayor parte de la energía creativa literaria que circulaba por Palma. Aunque distantes, tenían puntos en común. Completaban estas constelaciones otras estrellas más pequeñas que iban por su cuenta porque eran más independientes.
Estas constelaciones se formaban en torno a tres estrellas emblemáticas para la literatura y la cultura de Palma: los escritores Llorenç Villalonga, (“constelación cosmopolita”); Camilo José Cela (“constelación castellana) y el filólogo Francesc de Borja Moll (“constelación catalana”).
“Tras la vidrieras del café Riscal hay varios hombres sentados alrededor de un velador. Uno de ellos tiene aspecto de británico. Parece alto y sólo escucha. Escucha lo que cuentan los demás como si estuviera en otra parte, sin dejar de estar ahí donde está, con ellos. Este hombre es el escritor Llorenç Villalonga. Oscura chaqueta de pata de gallo, camisa blanca y corbata indefinida, los pantalones grises, los zapatos cordados; nada que pueda destacar, nada por lo que ser recordado si ocurriera algo por lo que tuviera que ser citado como testigo (“En la Ciudad Sumergida” de Jose Carlos Llop, pàg. 75).
De Llorenç Villalonga se han dicho muchas cosas y se han escrito muchas páginas, entre ellas las de su biografía “oficial”, muy detallada, hecha por Jaume Pomar, “La razón y mi derecho”. En los años 60, Villalonga era una persona en su madurez y empezaba a tener los frutos del éxito de una carrera de escritor calificado como cronista de la decadencia de la “burguesía aristocrática” de su sociedad. “Mort de Dama” y “Bearn” fueron las dos obras que poco a poco llegaron a fascinar a la intelectualidad barcelonesa y de retruque a algunos lletraferits de Palma. Ironías de la vida, el éxito en Cataluña de la obra de Villalonga le hizo cambiar su nombre de pila como escritor: de Lorenzo de los años 30-50, a Llorenç desde los 60.
Su pasado franquista, del que no renegó nunca, lo vivió de la mano de su hermano Miquel Villalonga, del que también ya hemos hablado en su momento. Después del golpe de estado militar del General Goded, se enfrentaron -y humillaron- por motivo del manifiesto “procultura catalana” a bastantes intelectuales mallorquines agrupados en la llamada Asociación por la Cultura de Mallorca. Enfrentamiento que no se olvidó nunca y que todavía pervivía en el ambiente literario de los años 60.
La geografía vital y cotidiana de Villalonga estaba en el barrio de la Seu, -“barrio de gatos y canónigos”- donde vivía. Desde allá iba a pie a las muchas tertulias que se hacían en Ciutat, especialmente a las del Círculo Mallorquín y al bar Riskal, bar desaparecido a finales de los 60 con la reforma de S’Hort del Rei.
En la tertulia del Riskal participaban también personas muy amigas de Moll, como Sanchis Guarner y Bernat Vidal; u otros como Baltasar Porcel, muy amigo de Villalonga. También participaban a menudo Camilo José Cela i Llorenç Moyà. Decían las malas lenguas que allá se decidían los Premios Ciudad de Palma.
En torno a Llorenç Villalonga giraban una serie de escritores jóvenes que despacio tomarán la palabra y se convertirán en escritores de éxito dentro de las letras catalanas: Jaume Vidal Alcover, Gabriel Janer Manila, Llorenç Moyà, Baltasar Porcel y Guillem Frontera, entre otros. También historiadores y analistas de su obra como Jaume Pomar y Damià Ferrà Ponç.
Cómo hemos dicho a otro capítulo, Cela, única estrella de la constelación castellana, se instala a Palma el 1955 e hizo en el Ayuntamiento aquella conferencia un tanto mística sobre “Palma, cuerpo vivo”. Enseguida se sitúa como “faro” de la literatura en la ciudad al ser nombrado presidente de los Premios Ciudad de Palma por el alcalde Massanet; y, más tarde, hijo adoptivo el 1969, siendo alcalde Gabriel Alzamora.
Su liderazgo se reforzó al crear “Papeles de Son Armadams” en 1956 y una tertulia en su mismo domicilio en la calle Bosque número 1. Desde allá puso al servicio de los escritores de aquí un reclamo internacional sobre todo lo que se hacía en Ciutat. Uno de sus primeros subdirectores fue Josep Maria Llompart, que después pasó a trabajar para la editorial Moll y acabará siendo presidente de la Obra Cultural. Un ejemplo de contactos y traspasos entre las “constelaciones”. Otro ejemplo es el de Baltasar Porcel, que pasó a trabajar en Papeles gracias a Villalonga.
Cómo señala Pilar Arnau en “La aportación de Papeles de Son Armadans a la difusión de la literatura catalana en plena dictadura”, la publicación tuvo una vertiente fundamental: la de difundir la cultura catalana. Si nos fijamos solo en los mallorquines, encontramos las firmas de Moll, Porcel, Ripoll, Jaume Vidal Alcover, Llorenç Moyà, Blai Bonet, Llorenç Villalonga, Llompart o Viñas. Mallorca, Palma, convertidas en centro neurálgico de la cultura libre, donde tuvieron cabida los escritores exiliados, las otras lenguas de España y los artistas y autores internacionales. Por no hablar de Las Conversaciones Poéticas, organizadas también por Cela, y El Coloquio Internacional de novela, que tuvieron lugar a Formentor.
Una de las otras constelaciones, la catalana, giraba en torno a Francesc de Borja Moll porque, como hemos dicho en el capítulo anterior, mantuvo la llama de la cultura catalana después de la guerra civil, a través del trabajo del Diccionario y con la fundación de la Obra Cultural Balear. También intentó en 1952, antes de los “Papeles” de Cela, una revista literaria que se llamaría “Raixa”, pero después de salir el primer ejemplar fue prohibida, a pesar de que algunos como Llorenç Villalonga le dieron su apoyo. Finalmente, pudo retomar su tarea en forma de editorial.
Miquel Forteza i Pinya fue el primer presidente de la Obra Cultural Balear y persona de mucha confianza de Moll. Forteza era muy conocido en Palma por su libro “Los descendientes de los judíos conversos en Mallorca”, libro que dejaba clara la indigna conducta que había tenido durante cientos de años la sociedad bienestante hacia los llamados “xuetes”. También era conocido por su pasado como ingeniero de carreteras y por ser hermano de Guillem y Bartomeu, personas destacadas, especialmente el arquitecto Guillem del que hemos hablado antes. En su tarea estaba acompañado por Joan Pons i Marqués, y otros más jóvenes como Josep Mª Llompart, Bernat Vidal, Llorenç Capellà y Antònia Vicens.
Uno de los debates públicos que se hicieron populares fue provocado por el libro que publicó Miquel Forteza con el nombre “Los descendientes de los judíos conversos de Mallorca”. Este debate enfrentó a las dos partes en los diarios de ciudad con la participación de relevantes personalidades (“La razón y mi derecho” de Jaume Pomar, pág. 336). Uno de los intervinientes fue Josep Zaforteza, que ya había protagonizado un debate lingüístico muy conocido con en F.B. Moll sobre las diferencias entre el catalán y el mallorquín. Zaforteza, abogado de confianza de Llorenç Villalonga y su mentor en temas jurídicos y depositario y heredero de su legado como escritor, utilizó en aquel debate el pseudónimo de Pep Gonella, como se ha sabido ahora hace poco tiempo, y que dio nombre a los “gonellistes”, defensores del mallorquín como lengua independiente del catalán.
Entre Cela y Moll sabemos que existió una relación cordial y de respeto mutuo. Coincidió con él en alguna comida en los años 50 con el profesor Américo Castro en el restaurante de Ciutat Can Tomeu. También coincidieron los dos con Llorenç Villalonga en el mismo restaurante en un almuerzo homenaje a Blai Bonet en 1957. Al año siguiente, formaron parte del mismo jurado de los premios Ciudad de Palma, presidido por Cela e impulsados por Gabriel Fuster Mayans, “Gafim”. En esta edición, fue premiado Llorenç Villalonga, aunque el “premio de todos los premios”, otorgado por los participantes de los primeros cuatro años, lo ganó Moll en 1960 por la totalidad de su obra hasta el momento. El 1959, Cela invitó a Moll, y este participó a los Coloquios de Poesía de Formentor.
Cela y Villalonga se frecuentaban mucho al principio, con encuentros, comidas y copas. Es curiosa la observación que hizo Charo Conde, la esposa de Cela, cuando dijo que Llorenç Villalonga parecía un hombre que estaba muerto desde hacía 200 años (“La razón y mi derecho” de Jaume Pomar, pág. 270). A pesar de que Villalonga ya fuera en un principio un lector entusiasta de “La familia de Pascual Duarte” y de “La Colmena”, la relación con Cela no llegó nunca a ser de amistad, por lo que se desprende de las anécdotas que cuenta J.C. Lobo a su libro “En la Ciudad Sumergida” (pàgs. 230-233) ni de los comentarios de la biografía de Villalonga por Pomar (pàgs. 270-275).
El 1956 coincidieron en el primer jurado de los premios Ciudad de Palma, y volverían a coincidir en el de 1969. El 1956, Cela le hizo el prólogo a Villalonga a una autoedición en castellano de “Bearn”, de la que solo se vendieron 163 ejemplares. De aquel prólogo, a Villalonga no le gustó nada una afirmación (“Probablemente es judío”) que hacía un poco ingenuamente Cela. Después coincidieron en otras ocasiones, como por ejemplo en la tertulia del Riskal, pero con una cierta distanciación, sin llegar a la fobia que Joan Bonet un día le asignó (“La razón y mi derecho” de Jaume Pomar, pág. 239).
Parece que Cela sentía una verdadera admiración por Villalonga, pero aprovechaba las ocasiones para “rebajarlo” y despreciarlo. Así se desprende de muchas anécdotas que cuenta Jaume Pomar, especialmente la de la noche de San Sebastià de los premios Ciudad de Palma. En 1958, Villalonga concursaba con la novela “Desenlace en Montlleó”. Hasta el final, después de muchas votaciones públicas del jurado, Villalonga no supo que ganaba el premio, pero sí que estaba compitiendo con “Ropa tendida” de Caty Juan. Dicen que Cela, que era el presidente del jurado, le había hecho pasarlo mal para que supiera lo peligroso que era competir con una mujer en los certámenes literarios.
De las muchas estrellas que iban por su cuenta, citaremos aquí a dos. Un gran escritor, Mario Verdaguer, menorquín que pasó su niñez en Palma donde residió en épocas diferentes, publicó en 1953 la magnífica obra “La Ciudad desvanecida” y en 1959 “Un verano en Mallorca”. Verdaguer, republicano, vivía en Barcelona desde joven, escribía en “La Vanguardia”, dirigía la revista “Mundo Ibérico” y traducía a escritores tan importantes como Goethe, Zweig y Thomas Mann, que dio a conocer a Villalonga. Después de la guerra civil vino a Palma donde organizó una tertulia en el Figaro, un bar que estaba en el Borne, con Llorenç Villalonga y otros como Joan Bonet y Gafim (“La razón y mi derecho” de Jaume Pomar, pág. 210). Mario y su hermano Joaquim eran amigos de los Villalonga desde pequeños y de mayores se encontraban frecuentemente en el Círculo. Por otro lado, en tiempo de la posguerra, Verdaguer había asesorado Moll en la edición de obras en castellano, probando si había suerte. Mario Verdaguer volvió a Barcelona y murió en 1963.
El otro solitario era Cristòbal Serra, “el ermitaño de Palma de Mallorca que sabe sonreir, y esa sonrisa le aparta de los hombres modernos” (escrito de Octavio Paz del 1961, empleado como prólogo a una edición de su libro “Péndulo”). Traductor de grandes poetas como Blake, enamorado de los asnos, física y espiritualmente, fue un ejemplo para los jóvenes interesados en la literatura rebelde de aquel tiempo y de ahora. Escritor heterodoxo e inclasificable produce una obra fragmentaría, vanguardista, mediterránea y rebelde. En 1965 publicó “Viaje a Cotiledonia”, un viaje quimérico y alegórico, en palabras de su estudioso, Nadal Suau.
Con estas líneas esquemáticas sobre una realidad que era mil veces más rica y más compleja, podría parecer que los tres círculos literarios y las estrellas independientes solo tenían relaciones internas entre unas veinte personas, cerradas sobre sí mismas. Nada que ver con la realidad. Cada una de estas personas que lideraban la creación y el debate literario, tenían una gran cantidad de relaciones con personajes internacionales que visitaban Palma o a los que ellos visitaban. Cela con el mundo latinoamericano, era en el fondo muy cosmopolita. Llorenç Villalonga, que se había enfrentado al catalanismo, acabó compartiendo protagonismo en el Club Náutico el 1967 con Mercè Rodoreda, presentados “como los dos escritores más universales en lengua catalana”. Y Moll no paraba de ensanchar sus intercambios con personas de Madrid, Hamburgo o Berlin. Palma, definitivamente, estaba conectada otra vez con el mundo literario universal.
Para acabar, no podemos hablar de la vida cultural de los 60 sin hacer mención del papel fundamental que ejercieron las librerías. De hecho, gran parte de la formación literaria de los jóvenes de Ciutat de los años 60 y 70 se debe a las librerías y sus magníficos libreros. Así lo recordó la escritora Rosa Planas a su discurso de inauguración de la Semana del Libro en catalán de 2016, donde rindió homenaje a las librerías de su juventud que ya no están pero que restan en la memoria de los palmesanos nacidos alrededor de los años 40 y 50: “LOGOS, de Domingo, situada en el pasaje que va de los Olmos a la plaza de los Patines, que tenía detrás un cuartito con los libros que la censura había prohibido. Allá compré los poemas de León Felipe y Blas de Otero, también los de César Vallejo, no gustaban al régimen y eran tenidos por panfletos revolucionarios. Domingo los mostraba con orgullo y su gran figura era como la de un mago que saca conejos del sombrero. Había también la librería TOUS, que ocupaba un espacio importante en la calle de la Unión (…). Allá se congregaba una buena cosecha literaria y el escritor Toni Serra ejercía de maestro de ceremonias.
También perdimos la librería BYBLOS, primero dirigida por Josep Blanes y posteriormente por Josefina Messeguer. Allá nos reuníamos los amante de las tertulias para realizar los Paliques de la Rotonda, dirigidos por el gran Tòfol Serra en un ambiente que rompía la grisor de una sociedad abúlica y culturalmente apática. Cuando empezó la transformación de determinadas zonas de la ciudad, se llevó por adelantado la librería ERESO, situada en un lado de la calle de Paraires, con el callejón del Port fangós al lado. Era muy agradable, variada y llena de libros sugerentes. Su escaparate tenía un poder hipnótico y siempre exhibía libros interesantes que eran un reclamo para la inteligencia. Fue una pérdida dolorosa, pero como en otras ocasiones, nos acostumbramos. También fue un trago mal de digerir la desaparición de CAVALL VERD, la librería especializada en poesía de la plaza d’en Coll, dirigida por el bibliófilo Rafel Jaume, hombre singular y de gusto exquisito, a quien recuerdo perfectamente, siempre interesado en los autores y en los poetas mallorquines.
[…] LIBROS MALLORCA, un verdadero oasis para la producción hecha en catalán y por autores en lengua catalana. Las antiguas ediciones de Costa i Llobera, de Joan Alcover, de Rosselló-Pòrcel, de Josep Pla, de Víctor Català, de Joan Sales, de Josep Carner, de Anselm Turmeda, de Ausiàs March o de Ramon Llull. Su gran fondo era un tesoro y un descanso para todos quienes buscábamos aquel libro descatalogado, que ya no era novedad, pero que resultaba de imprescindible consulta y el valor del cual sobrevolaba por encima de las improvisadas exégesis. […] Son librerías que ya no están, espacios perdidos que no se pueden sustituir, pero que viven en la memoria de quienes fuimos clientes y buscadores entre sus estanterías. Hacían parte de un mundo que todavía no ha desaparecido y que hará parte de nuestra historia libresca y sentimental. Para acabar con este recuento también quiero recordar la Librería FIOL, que le decíamos “de lance” y que, en este caso ha dejado un doble vacío: el edificio derruido del cual solo queda un solar en medio de la calle de los Olmos. Quienes buscábamos libros de segunda mano, teníamos allá un espacio de referencia. Cómo lo fue también la librería del CALL, regentada por el bibliógrafo y editor Lleonard Muntaner. O la librería RIPOLL de libros antiguos en la calle de Sant Miquel, ejemplo de gusto y exquisitez”.
Tampoco queremos olvidar la librería QUATRE ULLS en la plaza Santa Eulàlia, la preferida de los estudiantes de izquierdas.
La ciutat literària dels anys 60
El microcosmos literari de Palma en els anys 60, tan desordenat com complex, es podria dir que tenia forma de tres constel·lacions que aglutinaven la major part de l’energia creativa literària que circulava per Palma. Encara que distants, tenien punts en comú. Completaven aquestes constel·lacions altres estels més petits que anaven pel seu compte perquè eren més independents.
Aquestes constel·lacions es formaven entorn de tres estels emblemàtics per a la literatura i la cultura de Palma: els escriptors Llorenç Villalonga, (“constel·lació cosmopolita”); Camilo José Cela (“constel·lació castellana) i el filòleg Francesc de Borja Moll (“constel·lació catalana”).
“Tras la vidrieras del café Riscal hay varios hombres sentados alrededor de un velador. Uno de ellos tiene aspecto de británico. Parece alto y sólo escucha. Escucha lo que cuentan los demás como si estuviera en otra parte, sin dejar de estar ahí donde está, con ellos. Este hombre es el escritor Llorenç Villalonga. Oscura chaqueta de pata de gallo, camisa blanca y corbata indefinida, los pantalones grises, los zapatos cordados; nada que pueda destacar, nada por lo que ser recordado si ocurriera algo por lo que tuviera que ser citado como testigo (“En la Ciudad Sumergida” de Jose Carlos Llop, pàg. 75).
De Llorenç Villalonga s’han dit moltes coses i s’han escrit moltes pàgines, entre elles les de la seva biografia “oficial”, molt detallada, feta per Jaume Pomar, “La raó i el meu dret”. Als anys 60, Villalonga era una persona en la seva maduresa i començava a tenir els fruits de l’èxit d’una carrera d’escriptor qualificat com a cronista de la decadència de la “burgesia aristocràtica” de la seva societat. “Mort de Dama” i “Bearn” varen ser les dues obres que a poc a poc varen arribar a fascinar a la intel·lectualitat barcelonina i de retruc a alguns lletraferits de Palma. Ironies de la vida, l’èxit a Catalunya de l’obra de Villalonga li va fer canviar el seu nom de pila com a escriptor: del Lorenzo dels anys 30-50, al Llorenç des dels 60.
El seu passat franquista, del que no va renegar mai, el visqué de la mà del seu germà Miquel Villalonga, del que també ja hem parlat en el seu moment. Després del cop d’estat militar del General Goded, es varen enfrontar -i humiliar- per motiu del manifest “procultura catalana” a bastants intel·lectuals mallorquins agrupats en l’anomenada Associació per la Cultura de Mallorca. Enfrontament que no es va oblidar mai i que encara pervivia en l’ambient literari dels anys 60.
La geografia vital i quotidiana de Villalonga era al barri de la Seu, -“barri de moixos i canonges”- on vivia. Des d’allà anava a peu a les moltes tertúlies que es feien a Ciutat, especialment a les del Círculo Mallorquín i al bar Riskal, bar desaparegut a finals dels 60 amb la reforma de s’Hort del Rei.
A la tertúlia del Riskal hi participaven també persones molt amigues de Moll, com en Sanchis Guarner i en Bernat Vidal; o altres com Baltasar Porcel, molt amic de Villalonga. També hi participaven sovint Camilo José Cela i Llorenç Moyà. Deien les males llengües que allà es decidien els Premis Ciutat de Palma.
Entorn de Llorenç Villalonga giraven un seguit d’escriptors joves que a poc a poc prendran la paraula i es convertiran en escriptors d’èxit dins les lletres catalanes: Jaume Vidal Alcover, Gabriel Janer Manila, Llorenç Moyà, Baltasar Porcel i Guillem Frontera, entre altres. També historiadors i analistes de la seva obra com Jaume Pomar i Damià Ferrà Ponç.
Com hem dit a un altre capítol, Cela, únic estel de la constel·lació castellana, s’instal·la a Palma el 1955 i va fer a l’Ajuntament aquella conferència un tant mística sobre “Palma, cuerpo vivo”. Tot d’una se situa com a “far” de la literatura a ciutat al ser anomenat president dels Premis Ciutat de Palma pel batle Massanet; i, més tard, fill adoptiu el 1969, essent batle Gabriel Alzamora.
El seu lideratge es va reforçar al crear “Papeles de Son Armadams” en 1956 i una tertúlia al seu mateix domicili al carrer Bosque número 1. Des d’allà va posar al servei dels escriptors d’aquí un reclam internacional sobre tot el que es feia a Ciutat. Un dels seus primers sotsdirectors va ser en Josep Maria Llompart, que després passà a fer feina per a l’editorial Moll i acabarà essent president de l’Obra Cultural. Un exemple de contactes i traspassos entre les “constel·lacions”. Un altre exemple és el de Baltasar Porcel, que va passar a fer feina a Papeles gràcies a Villalonga.
Com senyala Pilar Arnau a “La aportación de Papeles de Son Armadans a la difusión de la literatura catalana en plena dictadura”, la publicació va tenir una vessant fonamental: la de difondre la cultura catalana. Si ens fixam només en els mallorquins, hi trobem les firmes de Moll, Porcel, Ripoll, Jaume Vidal Alcover, Llorenç Moyà, Blai Bonet, Llorenç Villalonga, Llompart o Viñas. Mallorca, Palma, convertides en centre neuràlgic de la cultura lliure, on varen tenir cabuda els escriptors exiliats, les altres llengües d’Espanya i els artistes i autors internacionals. Per no parlar de Las Conversaciones Poéticas, organitzades també per Cela, i El Coloquio Internacional de novela, que varen tenir lloc a Formentor.
Una de les altres constel·lacions, la catalana, girava entorn Francesc de Borja Moll perquè, com hem dit al capítol anterior, va mantenir la flama de la cultura catalana després de la guerra civil, a través de la feina del Diccionari i amb la fundació de l’Obra Cultural Balear. També intentà el 1952, abans dels “Papeles” de Cela, una revista literària que es diria “Raixa”, però després de sortir el primer exemplar va ser prohibida, malgrat que alguns com Llorenç Villalonga li varen donar el seu suport. Finalment, va poder reprendre la seva tasca en forma d’editorial.
Miquel Forteza i Pinya va ser el primer president de l’Obra Cultural Balear i persona de molta confiança de Moll. Forteza era molt conegut a Ciutat pel seu llibre “Els descendents dels jueus conversos a Mallorca”, llibre que va deixar clar la indigna conducta que havia tengut durant cents d’anys la societat benestant envers els anomenats “xuetes”. També era conegut pel seu passat com a enginyer de carreteres i per ser germà de Guillem i Bartomeu, persones destacades, especialment l’arquitecte Guillem del que hem parlat abans. En la seva tasca estava acompanyat per Joan Pons i Marquès, i altres més joves com Josep Mª Llompart, Bernat Vidal, Llorenç Capellà i Antònia Vicens.
Un dels debats públics que es feren populars va ser provocat pel llibre que publicà Miquel Forteza amb el nom “Els descendents dels jueus conversos de Mallorca”. Aquest debat va enfrontar les dues parts en els diaris de ciutat amb la participació de rellevants personalitats (“La raó i el meu dret” de Jaume Pomar, pàg. 336). Un dels intervinents va ser Josep Zaforteza, que ja havia protagonitzat un debat lingüístic molt conegut amb en F.B. Moll sobre les diferències entre el català i el mallorquí. Zaforteza, advocat de confiança de Llorenç Villalonga i el seu mentor en temes jurídics i depositari i hereu del seu llegat com a escriptor, utilitzà en aquell debat el pseudònim de Pep Gonella, com s’ha sabut ara fa poc temps, i que donà nom als “gonellistes”, defensors del mallorquí com a llengua independent del català.
Entre Cela i Moll sabem que existí una relació cordial i de respecte mutu. Coincidí amb ell en algun dinar en els anys 50 amb el professor Américo Castro al restaurant de ciutat Can Tomeu. També coincidiren els dos amb Llorenç Villalonga al mateix restaurant en un dinar homenatge a Blai Bonet en 1957. A l’any següent, varen formar part del mateix jurat dels premis Ciutat de Palma, presidit per Cela i impulsats per Gabriel Fuster Mayans, “Gafim”. En aquesta edició, fou premiat Llorenç Villalonga, encara que el “premi de tots els premis”, atorgat pels participants dels primers quatre anys, el guanyà Moll en 1960 per la totalitat de la seva obra fins al moment. El 1959, Cela convidà a Moll, i aquest participà als Col·loquis de Poesia de Formentor.
Cela i Villalonga es freqüentaven molt al principi, amb trobades, dinars i copes. És curiosa l’observació que va fer Charo Conde, l’esposa de Cela, quan digué que Llorenç Villalonga semblava un home que era mort feia 200 anys (“La raó i el meu dret” de Jaume Pomar, pàg. 270). Malgrat Villalonga ja fos en un principi un lector entusiasta de “La família de Pascual Duarte” i de “La Colmena”, la relació amb Cela no arribà mai a ser amistat, pel que es desprèn de les anècdotes que conta J.C. Llop al seu llibre “En la Ciudad Sumergida” (pàgs. 230-233) ni dels comentaris de la biografia de Villalonga per Pomar (pàgs. 270-275).
El 1956 coincidiren en el primer jurat dels premis Ciutat de Palma, i tornarien a coincidir en el de 1969. El 1956, Cela li va fer el pròleg a Villalonga a una autoedició en castellà de “Bearn”, de la que només es vengueren 163 exemplars. D’aquell pròleg, a Villalonga no li agradà gens una afirmació (“Probablemente es judío”) que feia una mica ingènuament Cela. Després coincidiren en altres ocasions, com per exemple en la tertúlia del Riskal, però amb un cert distanciament, sense arribar a la fòbia que Joan Bonet un dia li assignà (“La raó i el meu dret” de Jaume Pomar, pàg. 239).
Sembla que Cela sentia una vertadera admiració per Villalonga, però aprofitava les ocasions per “rebaixar-lo” i menysprear-lo. Així es desprèn de moltes anècdotes que conta en Jaume Pomar, especialment la de la nit de San Sebastià dels premis Ciutat de Palma. En 1958, Villalonga concursava amb la novel·la “Desenlace en Montlleó”. Fins al final, després de moltes votacions públiques del jurat, Villalonga no va saber que guanyava el premi, però sí que estava competint amb “Ropa tendida” de Cati Juan. Diuen que Cela, que era el president del jurat, li havia fet passar pena perquè sabés el perillós que era competir amb una dona en els certàmens literaris.
Dels molts estels que anaven pel seu compte, citarem aquí a dos. Un gran escriptor, Mario Verdaguer, menorquí que va passar la seva infantesa a Palma on residí a èpoques diferents, va publicar el 1953 la magnífica obra “La Ciudad desvanecida” i en 1959 “Un verano en Mallorca”. Verdaguer, republicà, vivia a Barcelona des de jove, escrivia a “La Vanguardia”, dirigia la revista “Mundo Ibérico” i traduïa escriptors tan importants com Goethe, Zweig i Thomas Mann, que donà a conèixer a Villalonga. Després de la guerra civil va venir a Palma on va organitzar una tertúlia al Figaro, un bar que estava al Born, amb en Llorenç Villalonga i altres com Joan Bonet i Gafim (“La raó i el meu dret” de Jaume Pomar, pàg. 210). Mario i el seu germà Joaquim eren amics dels Villalonga des de petits i de grans es trobaven freqüentment al Círculo. Per un altre costat, en temps de la postguerra, Verdaguer havia assessorat Moll en l’edició d’obres en castellà, provant si hi havia sort. Mario Verdaguer tornà a Barcelona i morí el 1963.
L’altre solitari era Cristòbal Serra, “el ermitaño de Palma de Mallorca que sabe sonreir, y esa sonrisa le aparta de los hombres modernos” (escrit d’Octavio Paz del 1961, emprat com a pròleg a una edició del seu llibre “Péndulo”). Traductor de grans poetes com Blake, enamorat dels ases, física i espiritualment, va ser un exemple pels joves interessats en la literatura rebel d’aquell temps i d’ara. Escriptor heterodox i inclassificable produeix una obra fragmentaria, vanguardista, mediterrània i rebel. En 1965 publicà “Viaje a Cotiledonia”, un viatge quimèric i al·legòric, en paraules del seu estudiós, Nadal Suau.
Amb aquestes línies esquemàtiques sobre una realitat que era mil vegades més rica i més complexa, podria semblar que els tres cercles literaris i els estels independents només tenien relacions internes entre una vintena de persones, tancades sobre si mateixes. Res a veure amb la realitat. Cada una d’aquestes persones que lideraven la creació i el debat literari, tenien una gran quantitat de relacions amb personatges internacionals que visitaven Palma o als que ells visitaven. Cela amb el món llatinoamericà, era en el fons molt cosmopolita. Llorenç Villalonga, que s’havia enfrontat al catalanisme, acabà compartint protagonisme al Club Nàutic el 1967 amb Mercè Rodoreda, presentats “com els dos escriptors més universals en llengua catalana”. I en Moll no parava d’eixamplar els seus intercanvis amb persones de Madrid, Hamburgo o Berlin. Palma, definitivament, estava connectada un altre cop amb el món literari universal.
Per acabar, no podem parlar de la vida cultural dels 60 sense fer menció del paper fonamental que hi exerciren les llibreries. De fet, gran part de la formació literària dels joves de Ciutat dels anys 60 i 70 es deu a les llibreries i els seus magnífics llibreters. Així ho recordà l’escriptora Rosa Planas al seu discurs d’inauguració de la Setmana del Llibre en català de 2016, on rendí homenatge a les llibreries de la seva joventut que ja no hi són però que resten en la memòria dels palmesans nascuts al voltant dels anys 40 i 50: “LOGOS, d’en Domingo, situada en el passatge que va dels Oms a la plaça dels Patins, que tenia darrere un quartet amb els llibres que la censura havia prohibit. Allà vaig comprar els poemes de León Felipe i Blas de Otero, també els de César Vallejo, no agradaven al règim i eren tinguts per pamflets revolucionaris. En Domingo els mostrava amb orgull i la seva gran figura era com la d’un mag que treu conills del capell. Hi havia també la llibreria TOUS, que ocupava un espai important al carrer de la Unió (…). Allà es congregava una bona collita literària i l’escriptor Toni Serra exercia de mestre de cerimònies.
També vam perdre la llibreria BYBLOS, primer dirigida per Josep Blanes i posteriorment per Josefina Messeguer. Allà ens reuníem els amant de les tertúlies per realitzar els Paliques de la Rotonda, dirigits pel gran Tòfol Serra en un ambient que trencava la grisor d’una societat abúlica i culturalment apàtica. Quan va començar la transformació de determinades zones de la ciutat, se’n va dur per endavant la llibreria ERESO, situada en un cantó del carrer de Paraires, amb el carreró del Port fangós al costat. Era molt agradable, variada i plena de llibres suggeridors. El seu aparador tenia un poder hipnòtic i sempre exhibia llibres interessants que eren un reclam per a la intel·ligència. Va ser una pèrdua dolorosa, però com en altres ocasions, ens hi acostumàrem. També va ser un glop mal de digerir la desaparició de CAVALL VERD, la llibreria especialitzada en poesia de la plaça d’en Coll, dirigida pel bibliòfil Rafel Jaume, home singular i de gust exquisit, a qui record perfectament, sempre interessat en els autors i en els poetes mallorquins.
[…] LLIBRES MALLORCA, un vertader oasi per a la producció feta en català i per autors en llengua catalana. Les antigues edicions de Costa i Llobera, de Joan Alcover, de Rosselló-Pòrcel, de Josep Pla, de Víctor Català, de Joan Sales, de Josep Carner, d’Anselm Turmeda, d’Ausiàs March o de Ramon Llull. El seu gran fons era un tresor i un descans per a tots els qui cercàvem aquell llibre descatalogat, que ja no era novetat, però que resultava d’imprescindible consulta i el valor del qual sobrevolava per damunt de les improvisades exegesis. […] Són llibreries que ja no hi són, espais perduts que no es poden substituir, però que viuen en la memòria dels qui vàrem ser clients i cercadors entre les seves prestatgeries. Feien part d’un món que encara no ha desaparegut i que farà part de la nostra història llibresca i sentimental. Per acabar amb aquest recompte també vull recordar la Llibreria FIOL, que li dèiem “de lance” i que, en aquest cas ha deixat un doble buit: l’edifici esbucat del qual només queda un solar enmig del carrer dels Oms. Els qui cercàvem llibres de segona mà, teníem allà un espai de referència. Com ho va ser també la llibreria del CALL, regentada pel bibliògraf i editor Lleonard Muntaner. O la llibreria RIPOLL de llibres antics en el carrer de sant Miquel, exemple de gust i exquisidesa”.
Tampoc volem oblidar la llibreria QUATRE ULLS a la plaça de Santa Eulàlia, la preferida pels estudiants d’esquerres.
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Licenciada en filología hispánica y profesora de enseñanza secundaria en el IES Son Rullan, del que ha sido directora. Ha sido diputada del Grupo socialista en el Parlament de les Illes Balears y durante el Pacte de Progrés de 1999 fue jefa de servicio de la Dirección General de Comunicación del Govern Balear. El año 2007 fue nombrada por el president del Govern de les Illes Balears, Francesc Antich, consellera de Educación y Cultura del ejecutivo balear.Llicenciada en filologia hispànica i professora d’ensenyament secundari a l’IES Son Rullan, d’on ha estat directora. Ha estat diputada del Grup socialista al Parlament de les Illes Balears i durant el Pacte de Progrés de 1999 va ser cap de servei de la Direcció General de Comunicació del Govern Balear. L’any 2007 va ser nomenada pel president del Govern de les Illes Balears, Francesc Antich, consellera d’Educació i Cultura de l’executiu balear.
Fonts consultades:
Referències bibliogràfiques
Arnau i Segarra, Pilar: “La aportación de Papeles de Son Armadans a la difusión de la literatura catalana en plena dictadura” en Riera,C y Payeras,M: 1959: de Colliure a Formentor. Visor Libros, 2009.
Llop, José Carlos. En la Ciudad submergida. RBA, 2010
Moll, Francesc de Borja. Els altres quaranta anys. 1935-1974. Editorial Moll. 1975
Pomar, Jaume. La raó i el meu dret. Biografia de Llorenç Villalonga. Editorial Moll 1995.
Referències en pàgines web
Papeles de Son Armadams. http://www.papelesdesonarmadans.com/Revista.htm
Premis Ciutat de Palma. https://es.wikipedia.org/wiki/Premios_literarios_Ciudad_de_Palma
Obra Cultural Balear. http://www.ocb.cat/seccio.php?sec=2
Tertulia del Riskal al Museu Llorenç Villalonga. https://www.ultimahora.es/noticias/cultura/2015/03/20/147388/casa-museu-lloren-villalonga-abre-siglo-xxi-renovacion.html
Fundació Camilo José Cela. https://fundacioncela.gal/
Llibreries i llibreters. http://www.llibretersmallorca.cat/noticia/lectura-del-preg%C3%B3-xxvii-setmana-del-llibre-en-catal%C3%A0
Imatge de capçalera. Camilo José Cela, Joan Miró i la Chunga. Font: Fons Rul·lan.
